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jueves, 5 de junio de 2008

No estamos en los setenta.


Algunos asiduos a las historietas las prefieren antes que a la historia y se quedan con los términos vaciados de conceptos: Otro gobierno socialista, otro paro de camioneros, y eso les basta para un análisis.

Lejos estoy de ser un defensor del gobierno de Allende, cuando tuvo su oportunidad debió frenar como se lo pedía el PC o avanzar sin tranzar y no optó por ninguna de esas alternativas; su martirio condenó a su pueblo sin darle siquiera la opción de luchar por lo que sentía justo. Pero distinto, muy distinto, es caer en el juego de los caricaturistas y tratar de realizar la más mínima asociación entre Allende y Bachelet.

Ni son los camioneros financiados por la CIA ni intentan reaccionar contra una revolución social. Por otro lado el impuesto específico al petroleo se acerca cada vez más a ser un impuesto confiscatorio para quienes se dedican al transporte.

Los costos generados por el uso de combustibles fósiles son cuatro veces mayores a los que ellos le cuestan al consumidor pero el problema es que no existe una alternativa energética: La opción que se debe tomar es entre el humo o la barbarie.

A nadie le parecería injusto que las mujeres trofeo que se pasean en sus cuatro por cuatro entre el gimnasio y el decorador de interiores paguen lo que efectivamente cuesta la bencina y el diesel, el problema es que nuestro gobierno es de aquellos que no pueden distinguir entre este consumo suntuario y redundante, y el que realiza el obrero para deshumedecer su casa evitando la bronconeumonia. El resultado es que el anciano de Lo Prado y el recién nacido de Pudahuel subsidian con sus enfermedades respiratorias, y a veces con su vida, el juego de adultos de “enchular autos” y correrlos; al que no va a la esquina sin su autito; y a todos los que hacen largos viajes solos en sus automóviles en busca de combatir el tedio.

Se dice que el transantiago está subsidiado pero paga impuesto específico de petroleo al igual que los demás y por lo mismo es casi tanto lo que da como lo que recibe. No tiene explicación que un aumento internacional del precio del petroleo signifique que el fisco recaude más impuestos; pero sí la tiene el que cada uno pague lo que ensucia.

En Argentina los productores de soja reclaman por que Cristina Fernandez intenta gravarlos con un impuesto muy similar al que hoy se paga por los combustibles y el gran error de ella ha sido no distinguir entre los grandes sojeros y los pequeños. En el mismo error ha caído el dogmático equipo económico de Bachelet metiendo en el mismo saco a la Tur Bus y al pequeño transportista.

Se debe discutir el impuesto a los combustible pero desde un prisma completamente diferente: Primero, se deben sincerar los costos reales que genera el uso de combustibles fósiles (o externalidades negativas como se les llama eufemísticamente) de manera de cobrárselo a quienes los generan; Segundo, se deben reconocer como subsidios todos los usos de combustible que no pagan íntegramente los costos que generan y se los debe tolerar, siempre y cuando, existan finalidades superiores a atender como el crecimiento de la economía del país. Digo del país, no de la contabilidad de las grandes empresas.

En palabras sencillas, no se trata de eliminar el impuesto sino de reconocer que éste, aunque al borde de lo confiscatorio por el alto precio internacional del crudo, a penas cubre los daños ambientales y sanitarios que produce su uso, pero al mismo tiempo esos daños son inferiores a los que produciría su no uso.

Que paguen aquellos que no necesitan del estado, al menos no se cansan de decirlo así, lo que realmente cuesta el petroleo y la bencina (unos tres mil quinientos pesos el litro); y que se exima de impuestos a quienes lo utilizan con fines productivos o de supervivencia.

El día que alguno de los genios Harvard del gobierno se les ocurra algo tan sensato y tengamos una clase política dispuesta a implementarlo será cuando podremos decir orgullosos que Chile es un país y no un mero paisaje. Mientras, la discusión se reduce a la rifa habitual de cuantos décimos más o menos y si la coma aquí o allá: Y Velasco lanzará sobre las llamas otros mil millones de dólares como si se tratara de patacones para apagar el incendio.

domingo, 1 de junio de 2008



José Bernales no fue un demonio, no, pero lejos estuvo de la santidad; sólo la muerte repentina lo compara a los mártires. En los medios conminó a los asaltantes del BICE a no quedarse dormidos y algunos de los sospechosos tuvieron que dar jugo en Bariloche para que los pillara la gendarmería argentina que hasta la fecha no los regresan. Hace un mes defendió a brazo partido a Aldo Vidal luego de ser acusado de actos de corrupción contrariando tanto las normas de la etiqueta como de la probidad. El jueves muere “en actos de servicio”, junto a su señora, su edecán y la señora de éste. Me pregunto si es adecuado que el jefe de la policía asista a un acto oficial como si se tratara de un fin de semana en la playa con sus amigos. Si el estado chileno o panameño pagó pasajes de más, alojamientos y comidas de más, para que los policías no se sintieran solos, es una situación que no cabe investigar ya que los responsables directos están muertos: Sólo pido que se inhiban de presentarlo como un santo.

Aquellos que por el contrario lo consideran un demonio por su actuación en la araucanía y el incremento de la violencia institucional en los conflictos sociales les diré que el finado no se mandaba solo, y que los artífices de esas nefastas políticas, criminales en el amplio sentido de la palabra, fueron mostrados como seres humanos, deudos, sorbetéandose la nariz: Felipe Harboe, Javiera Blanco (ex directora de estudios de Paz Ciudadana) y la mismísima Bachelet son quienes dan las ordenes para que suelten a los perros. Es que era “tan humano con los suyos”, es verdad qué duda cabe, pero Hitler y Stalin también eran muy humanos con los suyos.

Cada carabinero es un obrero más, de aquellos que ocupan un lugar nefasto desde luego, como el cajero del banco, el vendedor de chucherías, el cobrador o el micrero. Son quienes reciben nuestras quejas y nuestros reproches, y mediante su pequeño pero real poder expresan su resentimiento.

Los responsables se las pasan en cócteles y si se les llega a morir uno, aunque este lo haga en actos de improbidad, lo lloran y nos obligan a todos a acompañarlos en su duelo.

Me preguntó de dónde surgió la orden para que TVUC, Chilevisión, Mega y TVN transmitieran en directo las exequias de José Bernales y quién lo financió. Recordemos que debieron ser aplazados compromisos comerciales y por lo tanto debió haber consentimiento en una multiplicidad de avisadores, para que se transmitiera en directo y sin interrupción grandes franjas los días jueves, viernes, sábado y domingo.

Pedir racionalidad en ciertos asuntos resulta incómodo, inoportuno e inapropiado, esto por que las termitas de la razón de estado, del sentimentalismo barato y de la religiosidad espiritualista e hipócrita se encuentran enquistados en lo más profundo de nuestra sociedad.

¿Porqué no le ponemos José Bernales al estadio nacional? Mejor que eso ¿Porqué no le ponemos a la novena región José Bernales ex de la araucanía? ¿Porque no lo ungimos beato si ya produjo el milagro de unirnos a todos en torno a los valores patrios? Porqué no se van un rato a la mierda...


Dentro de los diversos proyectos emprendidos en la UDIPE se encuentra la revista “Sin Fines Emergentes”. Se trataba de una radicalización del “Daño Emergente”, revista escrita desde el resentimiento y la marginación. Pensada, escrita e impresa en Zenteno 120, sitio en parte prestado y en parte “okupado”, por Jorge Ojeda, Eugenio Baeza y Ariel Zúñiga, nunca llegó a ver la luz – hasta ahora – debido a que la posibilidad de querellas por injurias (pues no hay ninguna calumnia y la exceptio veritatis está de nuestro lado) era muy alta.

Lejos de la coyuntura nos encontramos, la subo sólo por una compulsión historiográfica.

Bajar Sin Fines Emergentes.

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