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jueves, 6 de marzo de 2008

Una Crisis Muy Conveniente.


Si usted ve a un banquero de Ginebra que salta por la ventana, sígale, porque es seguro que va a haber dinero donde caiga.”.

Voltaire*


Ingenuamente algunos analistas relevan la intervención – diplomática, cultural, económica, militar - de los EE.UU en latinoamérica. Pero es lógico que intervengan: El dólar es la moneda oficial de la economía mundial – mafiosa y especulativa - y el ejército norteamericano es el matón que custodia el statu quo y que ataca dónde sea preciso, sea en Granada o en Trípoli.

La pregunta entonces se invierte ¿Porqué los EE.UU no intervienen más – de lo que lo hacen – en Bolivia, Ecuador y Venezuela?

La respuesta a ese problema ya la tenían los romanos – y seguramente otros lo sabían antes que ellos - , los pueblos que se creen libres producen más de lo que lo hacen los que se sienten oprimidos.

Esta máxima fue entendida muy bien por los ingleses quienes pasaron de ser los mayores esclavistas a los mayores anti esclavistas: El esclavista debe comprar a un ser humano y luego mantenerlo, es decir, alimentarlo, vestirle, darle un techo, etc. En cambio el capitalista principia del supuesto que todos los hombres son libres, pero la mayor parte desapropiados, y él sólo les ofrece un empleo y les retribuye lo que sean capaces de negociar. Como existen muchos pobres y las tareas industriales son fungibles la capacidad de negociación de los pobres frente a sus empleadores, mediada por un mercado libre en condiciones objetivamente desiguales, es insignificante. En la práctica eso ha redundado en que la mayoría de la mano de obra del mundo esté en una situación materialmente peor que la de los esclavos de antaño ya que reciben menos de lo que cuesta su subsistencia y son más productivos puesto que la libertad simbólica y la promesa, siempre incumplida, de un mejor porvenir, actúan como un aliciente. En resumen los obreros son más baratos y productivos que los esclavos, la doctrina de la libertad inherente de ser humano es sólo una fachada que oculta el verdadero rostro de nuestra actual civilización.

Con los pueblos ocurre lo mismo que con las personas. Sin referirme al problema de qué es un pueblo pues hablaré desde lo que se entiende habitualmente por tal, diré que las palabras soberanía y autodeterminación son sólo eso es decir, palabras.

La libertad que gozamos es la que nos permite el sistema mundial y ese sistema tiene un gobierno y ese gobierno, como todos los gobiernos, tiene un ejército.

Hace cuatro días decía que no habría guerra en Colombia, ni con Ecuador ni con Venezuela. Lo reafirmo. Lo que presenciamos es uno de los mayores enfrentamientos comunicacionales de los cuales se tenga registro: Uribe pretende asociar a Chavez y a sus aliados con las FARC y a estas tildarlas de terroristas y hasta de narcoterroristas; Chavez por su parte quiere asociar a Uribe con los EE.UU, a éstos seguir presentándolos como la encarnación del mal absoluto, y a ambos ligarlos con los paramilitares que en este caso serían narcoterroristas de estado. La brega comienza allí pero de a poco va contagiando la zona e incluso ha alcanzado a España, Francia y por supuesto, los EE.UU.

Pero las bravatas de Chavez, y la justa indignación de Correa que debería haberse indemnizado con la mediación de la OEA, van a continuar. Eso no significa que va a conducir a una guerra. Lo que ocurre es que la inestabilidad de la zona influye en el mercado del petróleo y eso significa que mientras más duro sean sus declaraciones más caro se transa la mayor riqueza de Venezuela y Ecuador, sus hidrocarburos.

Cuando Frei y Allende nacionalizaban paulatinamente el cobre, el metal rojo subía y cuando Pinochet lo desnacionalizaba, bajaba. La crisis de CODELCO aumentó el valor del cobre el año pasado y tal alza compensó con creces las “pérdidas”.

La inestabilidad en Iraq, Kenia, Iran, Venezuela y Ecuador es un rentable negocio tanto para los gobernantes de esos países como para los jeques árabes y para las empresas inglesas, holandesas, y estadounidenses que controlan el mercado del crudo. De paso, como las transacciones de petroleo se realizan en dólares, las “crisis” son quienes le dan respiración artificial al dólar respaldando la prepotencia estadounidense.

La crisis Uribe, Correa y Chávez proseguirá y escalará en proporción a los beneficios que les reporte: Y tales beneficios no son solamente comunicacionales.

* Cita recogida de: “Cuentas Cifradas, el misterioso mundo de la banca suiza”. Nicholas Faith, página 9 (Planeta 1984)

miércoles, 5 de marzo de 2008



La ministra de educación de Chile, Yasna Provoste, destacó como funcionaria disciplinada de Ricardo Lagos pero solamente por eso. Eso bastó y sobró para que asumiera el cargo de Zilic luego que los secundarios lo destituyeran. Provoste no fue nombrada por Bachelet por su nutrido currículum académico ni laboral sino por que era una persona de confianza, alguien que no dudaría en proteger a la alianza gobernante a cualquier precio.

Pero la lealtad profesada por Provoste hoy la está cobrando y con usureros intereses. En plena tormenta se retiró a vacacionar y ha sido majadera al defender su punto de vista. En vez que seguir el procedimiento tipo de nuestro país que es culpar de todo a otro con menos poder e influencia, y destituir a Traverso (el sub secretario), lo defiende pese a que la misma alianza gobernante le había realizado sendos réquiem.

La racionalidad es la primera víctima en los sistemas democráticos, sólo se utiliza la racionalización de lo dicho y de lo hecho. Provoste insiste una y otra vez en que tiene razón, y posiblemente la tiene, pero sucumbirá como un mártir pues nadie en este momento está dispuesto a escucharla. Las razones aquí no valen.

La alianza gobernante lleva dieciocho años abusando del entendimiento de la “gente” y es por eso que la explicación del desvío delictual de multimillonarios recursos del sistema escolar es leído como una nueva versión del cuento de pedrito y el lobo.

Los partidarios del gobierno que le encuentren la razón a Provoste deberán forzosamente reconocer que le ha hecho un flaco favor al gobierno al defenderse en vez que hacer un paso al costado como el ministro de transportes, Sergio Espejo, salvándose ella y el gobierno.

Bachelet por su parte nuevamente ha jugado mal sus cartas y defiende a su ministra en una mal entendida lealtad siciliana mezclándose más de lo debido en el fango de los millones robados; por otra parte los pocos recursos atesorados para soportar el periodo de gobierno restante de dos años los dilapidará en un par de meses defendiendo a su regalona.

Sería muy fácil decir que asistimos a la crisis definitiva del gobierno y de su conglomerado político pero esto no es así:

Tenía razón Silvestra Utternut, la periodista de Nueva Zelanda que escribió “Revolución en Chile” en los años sesenta: “los chilenos son lo más aguantadores que hay” y lo que en otros países basta y sobra para una revolución o un golpe de estado aquí sólo alcanza para una primera plana. Si esa característica nacional, que se ha puesto a prueba una y otra vez, variara, todavía quedaría pendiente el problema de quién asume el gobierno si es que sucumbe la Concertación.

La izquierda todavía no sale de las peñas de dictadura, regadas con vino navegado y amenizadas con “canto nuevo”; la derecha aún no esconde la fusta ni las peleítas de ricachones; la Concertación ha explotado muy bien el resentimiento económico y el mito de que unos tienen el dinero y otros el poder político, y contra la izquierda es muy fácil presentarse con temperancia acusándola solapadamente de estar atrapada en el pasado y contaminada con causas indefendibles.

Para que cayera la Concertación debiera erigirse un líder populista que se presentara como un recién nacido que está más allá de la unidad popular, la dictadura y la dictablanda. Como ese ser no existe ni se puede fabricar en tan poco tiempo, me refiero antes de las próximas elecciones presidenciales, Lavín está en la banca y calentando esperando que se lesione severamente la Concertación y deba entrar él por aclamación, ocurre eso o sigue jugando la Concertación, lesionada. Todo dice que Piñera seguirá esperando.

lunes, 3 de marzo de 2008

En un acto temerario el primer mandatario colombiano asesinó al número dos de las FARC. Lo tomó por sorpresa en su retaguardia, cargando desde el territorio ecuatoriano, sin molestarse en avisar a las autoridades locales o de dar explicaciones adecuadas: La legítima defensa no es un buen argumento cuando uno es quien ataca; a los EE.UU se le ha dispensado de hacerlo con Iraq y Afganistán (por sólo nombrar casos abiertos) ya que su poder es incontrarestable, pero Colombia muy tenga el ejército mejor surtido de la región no le alcanza para darse esos lujos. Requiere además de la diplomacia.

Es fácil caer en la tentación de decir que Colombia es el brazo ejecutor de una orden dictada en Washington destinada a producir una contra reforma en sud américa cercando a Venezuela y a Ecuador, pero el asunto no es tan sencillo, ya que un conflicto en la zona dejaría a los EE.UU sin el petróleo Venezolano y alimentarlo es orinar en contra del viento.

La acción militar de Uribe fue temeraria ya que no sólo violó la frontera de Ecuador sino que asesinó al interlocutor del gobierno francés en sus negociaciones para liberar a Ingrid Betancourt. Sus explicaciones no fueron adecuadas y si fuera poco culpó al gobierno ecuatoriano de tener una relación de “convivencia” con las FARC: Si nuestro vecino es aliado de fuerzas irregulares se transforma en nuestro enemigo; Uribe actuó, se justificó en la legítima defensa, y después acusó al vecino ofendido de ser cómplice, encubridor y si exageramos, la bandera detrás de los crímenes de las FARC es decir, dejó establecida una justificación para un conflicto bélico. La tesis de la diplomacia colombiana es la siguiente: Olvidémonos del ejército colombiano ingresando al territorio ecuatoriano sólo pensemos en todas las veces en que las FARC hacían lo inverso gracias a la logística – convivencia – con el gobierno ecuatoriano.

Chavez golpeó la mesa y le prometió un frente oriental dejando muy claro que o Uribe da explicaciones, más bien las excusas, o la prepotencia contra el pequeño estado puede transformarse en una pelea de perros grandes: Son mastines que hace bastante se muestran los dientes desde su lado de la cerca.

El desenlace de este conflicto será su agotamiento, las probabilidades de una guerra son escasas: Brasil y México no escatimaran sus bastos recursos diplomáticos y económicos para evitar un conflicto armado que sólo beneficiará a los comerciantes de armas.

Una guerra no es un riña y no comienzan ni se deciden por palabras, ni por ofensas ni por dispensas, sino que por objetivos mundanos (dinero-poder). Es posible que Colombia invada a Ecuador por su petroleo pero esos recursos no le pertenecen a sus eventuales contendores sino que a empresas primer mundistas quienes reclamarán lo suyo en manos de quién se encuentre; o las emprenda en contra de Venezuela para regalar mediante contratos ruinosos el oro negro ya nacionalizado pero, los gringos le temen más a los árboles que a la arena y si con los ingentes recursos del Plan Colombia no pudieron derrotar a las FARC ¿Cómo piensan hacerlo en contra de las fuerzas armadas regulares de dos de sus vecinos combinadas parapetadas en la selva? Además el lento y sangriento avance, de cualquiera de los bandos, no podría en ningún caso convertirse en una ocupación, no estamos en los tiempos de la guerra del salitre o del chaco, ningún Estado se va a tomar la molestia de anexar bélicamente territorios hostiles, hasta los EE.UU han debido construir una democracia de opereta en Iraq en vez de bordar otra estrella en su bandera.

Si comienza una guerra sólo será una guerrita para darle en el gusto a la platea o de lo contrario se trataría de un conflicto sui generis que terminaría ¿Cuándo? ¿Cuando muera Chavez o Uribe?

Cuando se dice que va a primar la razón no se quiere necesariamente decir que esa razón sea la que queramos. En este caso sí parecen coincidir lo lógico y lo querido ya que seguirá existiendo la paz armada de hoy pero sería exagerado aventurar que eso varíe sustancialmente. No me refiero a la presión internacional, a las marchas por la paz, a las flores, etc, que sí “sabrán qué hacer” sino a que las guerras no se producen por las palabras por más bellas o feas que sean.

Para la galería de la infamia quedarán nuevamente las palabras del canciller chileno, Alejandro Foxley, quien tomó partido de inmediato por la disparatada tesis colombiana y más encima en su versión más extrema. Esas son las consecuencias de tener a cargo de asuntos tan delicados a alguien que con suerte ve con regularidad el resumen de CNN en español. La costumbre generalizada de nombrar a los más incompetentes en los cargos gubernamentales conseguirá que pronto se hable de “chilenización” cada vez que en otros lugares se detecten situaciones parecidas.

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