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lunes, 29 de septiembre de 2008







Sólo son setecientos mil millones de dólares para empezar.



La cámara de representantes ha rechazado el paquete de medidas consensuado preliminarmente el fin de semana por Bush y los congresistas. Esto no cambia la situación sustancialmente pero la empeora. De todos modos el Estado deberá intervenir y con un monto similar. El problema es que si ya era imprescindible actuar ahora con un remedio reconocidamente insuficiente e ilegítimo, una acción retrasada lo exacerba.


El Ministro de Hacienda de Chile Andrés Velasco, con su acostumbrada arrogancia engominada, sentenció el año pasado que nuestro país se encontraba blindado contra cualquier crisis externa. En lo referente a los estados unidos de norteamérica dijo: “Si ellos tienen una pulmonía a penas nosotros contraeremos un resfriado.”

La pulmonía llegó y para quedarse, pues el enfermo se ha tardado mucho en buscar ayuda médica y la enfermedad pasajera amenaza con hacerse crónica. El salvataje emprendido por el gobierno estadounidense más parece respiración asistida dentro de cuidados intensivos que un simple reposo, dieta y antibióticos.

Setecientos mil millones para empezar, así como si nada. Como lo indicó el ex presidente Eduardo Frei hace tres días en México: “El dinero que se está utilizando para superar la crisis es seis veces el presupuesto de Chile. Quien pagará nuevamente las consecuencias serán los países emergentes”.

El problema es que esto recién está comenzando. La millonaria cifra que se inyecta al sistema financiero según algunos optimistas es nada más que un cuarto de la requerida. Los instrumentos, entre comillas sofisticados, esconden muchas burbujas que aún no revientan y que no sabemos cuándo ni donde comenzarán hacerlo, ni sobre quién.

Todo el dinero que está girando el gobierno del norte es sobre la base de su propia arbitrariedad. La paridad con el oro fue dejada de lado a finales de los sesenta y desde entonces el mercado mundial asume que los estados unidos pagarán algún día el fiado que se le pide día a día al sistema monetario internacional para financiar sus guerras y ahora a su propia casta bancosa.

Eduardo Galeano anotaba que para la crisis económica del veintinueve, los gringos, convencidos que su sistema a pesar de colapsar era infalible, quemaban alimentos para que subieran de precio aunque sus compatriotas murieran de hambre. En esta ocasión ha ocurrido lo mismo: En vez que rescatar los créditos hipotecarios de aquellos que financian su primera casa y que hoy son arrojados a millares hacia la indigencia, el gobierno de los estados unidos prefiere rescatar a la misma banda de vampiros que ocasionó todo. ¿Con plata de los contribuyentes de su país?. Las pinzas, es dinero de todos nosotros pues se trata de cheques sin fondos girados por una potencia en decadencia.

Los fundamentalistas del mercado estadounidense además retrasaron la llegada de la ambulancia arguyendo que inyectar recursos directamente del estado implicaba estatizaciones y que lo que debía hacerse era disminuir impuestos para que el propio mercado funcionara. Esto demuestra una vez más que los fanáticos de Wall Street son los únicos terroristas que el mundo debe combatir.

Los europeos no quieren que caiga el dólar pues eso haría, paradojalmente, más competitiva a la economía norteamericana pues descendería el estándar de vida de sus habitantes y podrían emplearse con un par de euros; los chinos, y los asiáticos en general, se han comprado el cuento de un imperio yanqui de mil años y han apostado cifras siderales a la estafa piramidal de los bonos del tesoro. Chile, para no ir tan lejos, posee treinta mil millones de dólares en papeles, literalmente, estadounidenses.

La crisis de ahora, siendo una pulmonía, no es nada en comparación a lo que se avecina si aún consignando las trillonarias cifras que se requieren para sofocar el incendio éste no cesa. La caída de bancos en todo el mundo como palitroques; de la mayoría de los gobiernos incluyéndonos; un frenazo de China e India que no tendrían a quien venderles sus porquerías por un lustro a lo menos; una caída de Europa y japón victimas de su propia bonanza; una argentinización de los estados unidos; y una quiebra en cadena de las economías locales americanas que basan gran parte de sus ingresos en las remesas provenientes de primer mundo derivadas de los inmigrantes ilegales.

Velasco además de rezarle a la virgen del puño deberá hacerlo al tío Sam puesto que de caer éste sencillamente nos vamos al carajo, en viaje directo, sin escalas. Al menos nuestra presidenta entró en razón y alertó al mundo que todo esto es culpa de la codicia; sólo falta un pronunciamiento explícito acerca si su socialismo capitalista remendado tiene la cura para lo que ocurre y lo que está por venir.

1 comentarios:

Erzsebet dijo...

Creo que al presidente de EEUU por fin se atrevieron a darle la espalda y no aprobar tanta tontera

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