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sábado, 29 de agosto de 2020
Por Ariel Zúñiga Núñez


@azetaene
 
A consecuencia del debate del miércoles pasado, muchas y muchos se han acercado para pedirme que desarrolle mi idea sobre la izquierda.
 
Quiero dejar constancia que esta idea se encuentra desarrollada en el libro, de mi autoría, “Civilización y DD.HH”, editado por libros del perro negro en 2013 y liberado para la descarga gratuita el 20 de octubre de 2019.
 
Ese libro lo comencé a escribír al volver del Foro Social Mundial de Porto Alegre. Viajé hasta allá, venciendo grandes contratiempos, para conocer si la izquierda tenía una salida del atolladero en que había sido puesta tras el colapso de la URSS. No encontré una idea que aunara lo que hasta ahora se llama, casi como si fuera algo de lo cual enorgullecerse, a “las izquierdas”. Es más, retorné a Chile con la opinión formada de que dicha dispersión era un lugar muy cómodo para quienes hacen de la política una actividad lúdica, por lo que siempre iba a ser promovida por ese grupo.
 
Antes de viajar creía que la crisis era algo que embargaba sólo a la izquierda nacional, al volver aquilaté lo que enseguida comprendí en Río Grande do Sul: La crisis de la izquierda era total, el próximo ciclo capitalista que haga estallar las contradicciones nos pillará sin una teoría para abordarla.
 
El problema se acentuaba ya que desde nuestra mentalidad colonial sólo una teoría escrita en Europa o los EEUU podía ser tomada en serio; una nacida en la colonia a lo menos debía ser pasar por un proceso de validación académica occidental, debía presentarse como una tesis doctoral de una prestigiosa universidad capitalista o no tendría ninguna oportunidad de proponerse seriamente.
 
Con todo en contra me aboqué a la ardua tarea haciendo mano de mis escasas herramientas filosóficas y de teoría social; me acerqué desde la criminología crítica que era el área que dominaba.
 
Puse en línea el blog "violencia y control", invité a él a escribir a personas a quienes valoraba su trabajo; entendía que la obra debía ser colectiva o no tendría los resultados pretendidos.
 
Sin embargo el llamado no tuvo oídos. Resignado comencé a escribir en el blog mis crónicas, esas que a mediados de los noventa pegaba en las murallas.
 
Desde ellas comenzó a escribirse civilización y DD.HH, el primer borrador estaba listo en 2007; el año antes habíamos sido derrotados, aplastados diría, por el gobierno de Bachelet y su ministra Provoste.
 
Seguíamos en pié, y conservábamos el ininvicto, acumulando derrotas.
 
Con mis apuntes en mano una y otra vez participé de las asambleas, insistí que el problema no era sólo la represión, el soplonaje y la cooptación, sino que nuestra propia definición y organización.
 
Entre tomas, presos, muertos y heridos de gravedad, campañas electorales testimoniales, que aún así concitaban una gran expectación, la izquierda funcionaba como un casting público de líderes para la concertación en el mejor de los casos; del montaje policial y la muerte, natural o civil en el peor.
 
Organicé marchas a favor de los mapuche sin serlo, sin creer serlo; estuve con los anarquistas cuando fueron perseguidos, en los tiempos más rudos, arriesgando la cana como uno más. 
 
Cité a la Violeta Parra, culpé de traidores una y otra vez a aquellos que ordenaban la represión a sangre y fuego en contra del pueblo, que equivocado o no, luchaba.
Estuve con los que luchaban, puntual en cada nueva derrota.
 
Y mientras lo hice siempre dije, una y otra vez, incansablemente, como un disco rayado, que éramos de izquierda, que TODAS Y TODOS PERTENECÍAMOS A UNA SOLA IZQUIERDA, aunque no nos diéramos cuenta, aunque no lo supiéramos. Desde anarquistas a socialdemócratas, todos de izquierda, y en el momento que nos nos diéramos cuenta contra quien era esta lucha, y de qué se trataba, venceríamos, no habría modo de detenernos.
 
Así nos pilló el 2011 sin haber editado el libro, pero estando todo lo dicho en el blog.
 
El “se viene el estallido” que había surgido para apoyar a los anarquistas encanados, se había convertido en el medio de difusión de una teoría.
 
Y fue desde esa teoría que se escribió cada nuevo artículo, que se elaboró cada nueva acción, y cada nueva emisión del programa video radial.
 
Cuando me preguntan sobre esta, “mi teoría”, respondo que es la nuestra.
 
Se escribió para las luchas del futuro, para que fuera útil, para que esclareciera lo que otros se empeñan en oscurecer.
 
Si me piden que desarrolle mi teoría debo advertir que ya está desarrollada, lo que quizá hace falta es expresarla en la menor cantidad de palabras posibles para así difundirla.
 
Tras la petición entiendo que mi libro está plenamente vigente, que los apuntes que expuse hace más de 10 años en el taller del sol, se hacen más comprensibles de lo que eran entonces.
 
Civilización y DD.HH.
 
La izquierda no es otra cosa que el ideario de la ilustración.
 
La composición de este ideario sería lo siguiente:
 
En primer lugar el predominio de la razón.
 
En segundo lugar los valores universalistas y compasivos socráticos y estoicos en su versión laica.
 
De este crisol surge la libertad, la igualdad y la fraternidad.
 
El marxismo constata que los valores de la ilustración son incompatibles con el capitalismo; juzga implacablemente la moral ilustrada como burguesa.
 
El marxismo intenta crear una teoría científica que comprenda a la realidad social y al mismo tiempo deduzca las leyes (leyes científicas) de la transformación de la sociedad. Se propone borrar de la doctrina de izquierda cualquier referencia a la ética y a la moral. La revolución transformará a los hombres y mujeres en libres, iguales y fraternos.
 
El triunfo de las revoluciones socialistas dejó de manifiesto lo persuasivo, vigentes y poderoso que era el programa ilustrado; la revolución francesa era resignificada con la rusa.
 
A finales del siglo XX, habiendo colapsado la URSS, era evidente que la revolución rusa había sido derrotado por ella misma; no fue una guerra nuclear, ni una invasión, lo que desmoronó al gigante rojo. 
 
La socialización de los medios de producción no había terminado con las clases sociales, ello implica una refutación a las ideas marxistas. La dictadura del proletariado no condujo a una sociedad comunista, la igualdad, la libertad y la fraternidad no resultaron ser el punto de llegada.
 
De esa constatación se intenta seguir el camino en reversa, buscando los errores colosales que se cometieron, no con la intención de juzgar a los responsables sino en procura de abordar las nuevas luchas.
 
El error que se cometió en antaño fue olvidar que el problema no es el capitalismo sino que el Estado.
 
La izquierda, compuesta por aquellos humanos que queremos hacer imperar la libertad, la igualdad y la fraternidad, debemos acometer la colosal tarea de desmontar esta infame maquinaria que jerarquiza, dejando a unos con el poder de mando y a otros en la opción de obedecer o padecer.
 
El Estado no es un modo natural de organización, es un artificio, y como tal puede ser sustituirse por una organización igualitaria y fraterna en donde sea posible la igualdad.
 
Este modo particular de organización, históricamente reciente, es una anomalía y además la fuente de todas las críticas que suelen atribuírsele a la humanidad.
 
Ciertos feminismos hablan de patriarcado, pues bien, Estado, Patriarcado y Propiedad Privada son tres dimensiones del mismo asunto. Ello es lo que entendemos por Estado.
 
Producir esta transformación sería una conquista de la humanidad sólo comparable con la Revolución Neolítica; la Revolución que se propone implica la emancipación cabal del ser humano.
 
Contra esta izquierda pugna una derecha que desdeñando a la ciencia y a la razón postula que el capitalismo, u otro modo de organización Estatal, es el único posible. La derecha enarbola la bandera de la tradición, lo que fue debe seguir siendo; la preservación del orden social vale incluso aniquilar a los seres humanos.
 
La izquierda, en cambio, entiende que estamos ante el fin de un modo civilizacional; lo hace porque tiene una comprensión científica del mundo. Tiene la convicción que la crisis ambiental es irresoluble bajo el régimen estatal, que la crisis del capitalismo es tan profunda que sólo el fascismo podría evitar que el sistema actual colapse.
 
Frente a esta constatación científica la izquierda también comprende cual es la salida, la única posible, la total transformación de la humanidad de modo consciente, racional, igualitaria, libre y fraterna.
 
Y es allí donde estriba la mayor diferencia con lo que han propuesto otros autores, no es la ciencia quien nos da las respuestas a lo más importantes, son nuestras convicciones, aquel elemento irracional que nos constituye y nos hace de izquierda: Nosotros creemos en los valores de la ilustración materializados en el catalogo de derechos fundamentales.
 
Los derechos fundamentales no son el corolario de un razonamiento, son aprioris.
Los hemos convenido fraternalmente y deliberado durante centurias.
 
Los derechos humanos son el mínimo irrenunciable y al mismo tiempo el programa de la izquierda.
 
Por otra parte es imposible que los derechos humanos, en nuestra sociedad capitalista y estatal, puedan regir. Ello explica que las violaciones a los DDHH se produzcan una y otra vez.
 
El horizonte de la izquierda es la Emancipación, ella implica una Revolución. No es posible llamarse a sí de izquierda si no pretende la vigencia de la igualdad, la libertad y la fraternidad, desarrollados en los derechos fundamentales.
 
Teniendo lo anterior claro podemos avanzar. Cuando se habla de conquistas populares deben entenderse en relación a esa Emancipación; si hablamos de caminos intermedios debemos preguntarnos si ellos son compatibles con ese programa revolucionario.
 
Los derechos humanos no son normas legales, porque no tienen modo de imponerse, son los valores de la izquierda, su programa mínimo.
 
Es hora que nos reconozcamos en lo anterior, que los que luchamos en cada una de las estaciones anteriores, 1997, 2000, 2001, 2006, 2011, 2019, entendamos que de la UNIDAD depende vencer al Estado, al Capitalismo y al fascismo. Pero no de cualquier unidad, sino de aquella que se desprende de nuestras convicciones, que como he dicho son comunes, y que tienen por finalidad la Revolución Emancipatoria.
 
Aunque usted no lo sepa el Estallido ha sido de izquierda; de la autorganización sin jerarquías de la calle depende esta Revolución Política Chilena. Del triunfo de esta Revolución Política depende la Emancipación de toda la humanidad:
 
“Producción sin posesión,
acción sin imposición,
evolución sin dominación”.
Lao-Tse.
 



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1 comentarios:

Leus dijo...

Estimado, una consulta: ¿de donde sale esa cita de Lao Tsé?

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