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lunes, 1 de septiembre de 2008

Por Ariel Zúñiga



Cuando a principios de los años noventa el ministro de educación de la época, Ricardo Lagos Escobar, presento el proyecto MECE y MECE Media (Mejoramiento de la Calidad de la Educación) un pequeño grupo de alumnos del liceo de Aplicacion nos organizamos básicamente en torno a su repudio. El pequeño grupo creció estableciendo alianzas con los liceos del centro de la capital en los cuales se distribuía un modesto panfleto firmado como “Estudiantes Democráticos”. Era difícil explicar en ese tiempo porqué discrepábamos con el proyecto estrella de uno de los ministros mas populares de los primeros años; el tiempo nos ha dado la razón y resulta sencillo recurrir al lugar común que se trató de una de las tantas políticas mediaticas del ex presidente carentes de objetivos concretos y que además la historia es elocuente en demostrar que fue un cabal fracaso. Pero las razones profundas de las criticas siguen sumergidas puesto que a principios de los noventa era imposible explicar que para subsanar la aberrante desigualdad era preciso estatuir políticas desiguales a corto y mediano plazo; la respuesta de los dogmáticos liberales fue que la educación publica debía mejorarse toda y al mismo tiempo eso significó que fracasara completamente arrastrando en la rodada a los liceos públicos emblemáticos de todo el país y principalmente los del centro de Santiago.

El resultado de la catástrofe ha sido la detención de la movilidad social puesto que los liceos públicos de excelencia permitían el ascenso meritocratico. Aunque alguien proviniera de un colegio emplazado en un barrio pobre podía aspirar a esforzarse y acceder a un liceo emblemático y con ello a una nueva vida. El programa MECE bajo el pretexto de comprarle un pizarron al liceo AX 330 de Trovolhue se los quito al liceo Amunategui, el resultado es que el de Trovolhue sigue donde mismo pero el Amunategui ha descendido al nivel del primero.

No me caben dudas que los alumnos del liceo de Aplicación sabrán luchar por los objetivos urgentes (Que no se los divida y que no se traslade al liceo del centro de Santiago) y por los mediatos (Que se construya una infraestructura adecuada para hacer viable un proyecto académico de excelencia) pero serán precisas muchas asambleas y muchas luchas para comprender que lo que se debe hacer es utilizar esta crisis para unificar a los liceos emblemáticos en torno a un proyecto común de excelencia.

Los objetivos de todos los estudiantes secundarios son los mismos y son complementarios pero los de los liceos emblemáticos son especificos de ellos. En el centro de Santiago, por ejemplo, se debe exigir que se dote a los liceos de histórica excelencia de la infraestructura que disponen los colegios particulares en donde estudia la elite ¿Para que? para revertir a corto y mediano plazo el estancamiento social que permite que nuestras autoridades actúen en connivencia y completamente enajenados de los que deben soportar sus decisiones.

Gimnasios, laboratorios, comedores, infraestructura informática de primer nivel, laboratorios de idiomas, bibliotecas, subsidios familiares, etc. Todo lo que tienen los liceos secundarios de Finlandia, destinados a los pobres estudiosos, que sudan la gota, que se la juegan. Todos esto en espera a que la misma medida se generalice a todo el país.

Comencemos con cincuenta liceos en todo el pais y con unas trescientas escuelas básicas. Esa es una reivindicación concreta, urgente, inobjetable. Si seguimos demorándolo, desperdiciando a los buenos alumnos que ya tenemos, la inmovilidad social lo destruirá todo a la primera crisis generalizada puesto que entre las elites y los pobres existirá una brecha económica y cultural tan extendida que no posibilitara ni el dialogo ni la legitimidad.

La forma de custodiar que todos accedan a una educación de calidad consiste en permitir que todos puedan adquirir las herramientas básicas para desempeñarse competentemente en el mundo de hoy, pero solamente unos pocos pueden llegar a la alta cultura, a la ciencia, a la docencia universitaria. Debe haber posibilidades para todos pero el profundo déficit cultural del país, refrendado en cada medición nacional o internacional, debe revertirse reforzando aquellas instituciones que lo han hecho bien a pesar del escenario desfavorable en que han debido lidiar.

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