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lunes, 2 de marzo de 2009

Una Crítica a la Ideología Alemana y también a su Filosofía.




El aporte de la filosofía alemana ha consistido en el vano intento de hacer coherente al hombre en tanto animal y en tanto miembro disciplinado en un sistema cultural específico, con una definición a priori del ser humano en tanto inherentemente libre.

No caben dudas acerca de la enorme influencia que han ejercido estos pensadores desde Goethe hasta Kurtz, y muchos pondrán el grito en el cielo por mi actitud desafiante de tratar indiferenciadamente a autores tan disímiles como Nietzche o Kant, pero no se trata de un alegato academicista, de una nueva relectura ingeniosa de los clásicos o de un infantil modo de capturar la atención de algún adolescente; es mi modo de contribuir a la construcción de una alternativa política, una que se emancipe de las taras del pasado, las cuales incluyen las teologías de distintos profetas como la de Hegel, sino que también la de Carlos Marx que incluso hoy sustenta fervientes feligreses que lo veneran en tanto pensamiento científico.

Hasta ahora había tratado de defender a Marx en tanto pensador válido e indispensable para la construcción de una teoría política de transformación de la civilización interpretandolo en el siguiente sentido: Toda estupidez proferida por Marx debía omitirse, jamás interpretarse exegéticamente como proponen algunos sacerdotes iluminándo sus textos con el tenebroso candil hegeliano, pues lo relevante del marxismo no es lo que dijo sino la razón por cual lo dijo. Olvídate de lo que dijo Marx, era mi planteamiento, piensa y actúa como Marx lo haría si estuviera vivo. Pero mi excepcional modelo interpretativo no alcanza ni siquiera a constituir una tendencia y si lo hiciera todavía me encontraría con el gran problema que si existiera Marx viviría en Cuba plácidamente (siempre y cuando no se lo haya tronado como anti fidelista). Tratar de autorizar mis fragmentados y modestos argumentos contribuye tanto a la beatería como a la demonología; decir “yo pienso” siempre será más arriesgado pero dudo que haya otro modo de ser honesto.

Es que Marx dijo que había que cambiar la realidad en vez que interpretarla, lo que se podría entender como el hacer ambas en simultáneo. Pero la interpretación de la realidad marxista pertenece a la especie más deleznable de la filosofía, el idealismo germánico que él mismo criticaba considerándolo teología; sus virulentas críticas a sus contemporáneos, por otra parte, ha producido un oscurantismo que ha sumido a la izquierda en una nueva escolástica. Marx estaba equivocado en cada una de sus tesis propias, así lo ha mostrado uno de sus principales detractores, la historia; pero sus argumentos bastaron para relegar al olvido a muchos pensadores y para sellar los caminos a múltiples desarrollos teóricos posibles. Su socialismo científico era tan sólo una mezcla entre una crítica al sistema capitalista, sin proponer un sistema económico que sostuviera la economía industrial, y un alegato redencional típicamente alemán basado en una moral estoica mediada por Kant y hablada por Hegel.

El soliloquio germano al ser tan extenso y complejo consigue ser autorizado de inmediato por aquellos pensadores burocráticos, preocupados por encontrar una excusa al pensamiento más que enfrentarse a la inconmensurabilidad de la ignorancia del ser humano e intentar trascenderla. Esto sucede así porque cada pensador germánico pretende construir un sistema nuevo en que quede todo explicado; por todo debemos entender aquello que dan por explicado sus contemporáneos recurriendo a su maestro respectivo. La vision mecanicista determinista no les basta pero no les desagrada por lo tanto le añaden al ser humano un origen mítico, una naturaleza moral o un destino. Esto zanja el asunto sin ponerlo en discusión. Cada uno de estos elementos significa al hombre de un modo distinto pero todos concuerdan en que el hombre no es un producto biológico cultural, por ende histórico, sino que esencial, meta social, metafísico. La libertad y la igualdad no son para Marx dignos anhelos del hombre moderno capaces de reivindicarse gracias a la exuberante productividad económica del sistema capitalista, sino que elementos esenciales de la humanidad que la lucha de clases suprime, que por tanto, al suprimir la lucha de clases reconciliaríamos al hombre con su esencia. El hombre así definido no es muy distinto al de los cristianos y es común a la filosofía alemana la cual sólo excepcionalmente difiere, aunque, claro está, para darle otra naturaleza a priori, metafísica, al ser humano.

La historia comienza con un grupo de intelectuales que pretendían henchir sus pulmones más allá de los límites de sus cajas toraxicas. Se sentían como dioses atrofiados, confinados a vivir y padecer en pequeñas aldeas mientras sus vecinos se erigían como estados. De la promiscuidad e inmediatez de la vida doméstica surgió esa lúdica complicación conceptual la cual no se satisfacía en los monasterios por ser mayoritariamente protestantes. El clima frío, los espesos bosques, la lejanía de la santa sede y la carencia de cortes cosmopolitas que permitieran hacer gala de su refinamiento cultural redundó en que se institucionalizara el deporte de la metafísica. La mala idea de la primera generación romántica de inventar una nación consistía en construir una cultura propia; ello exigió no sólo que se reinventara el pasado sino que desde él se interpretara el presente y proyectara el futuro.

Durante el siglo XIX se expresó la misma táctica y estrategia bélica del siglo XX e inspirada en la misma ideología, es decir Lebensraum + Blitzkrieg (Guerra rápida de conquista y anexión con el fin de adquirir el espacio que los alemanes sentían que se merecían) Y así como Hegel se le ocurrió un día inventar la filosofía otro se le ocurrió a Marx que el pueblo elegido no eran los israelitas, ni los alemanes como creían sus contemporáneos, sino que los proletarios industriales de ciertos estados comandados por profetas alemanes. Y diligentemente sus apóstoles se dedicaron a divulgar las buenas nuevas emprendiendo una guerra a muerte contra todos los herejes, principalmente sobre los pensadores eslavos, pero también en contra de aquellos que suscribían ideas británicas como las de Owen o francesas como las de Prouhdon. Al igual que en el siglo XX sólo atacaron a los franceses e ingleses alevosamente, es decir, sobre seguro, una vez que habían disciplinado a los inferiores; los primeros golpes fueron dados hacia el este, en contra de los subdesarrollados, en donde irónicamente sus ideas regirían absolutamente por más de ochenta años.

Para principios del siglo XX el pensamiento alemán campeaba en todos aquellos lugares en que no habían sido capaces de crear un pensamiento propio antes del siglo XIX y sus idealizaciones comenzaron a determinar la estructuración de los estados modernos “inventados” por los procesos de independencia forzados, tanto en Europa como América, por las guerras napoleónicas, y por los procesos de descolonización del siglo XX. Nociones como Folclore o Estado de Derecho se universalizaron del mismo modo que de contrabando se incorporaban otras como esas ideas típicamente germanas de que la única manera de realizar la libertad es mediante un Estado y que el ser humano ha sufrido una grave afectación en el pasado que es posible remediar por medio de la acción racional de modo de reconciliarlo con él mismo. Todas fundamentadas en el neo estoicismo kantiano con su dogma que existe una moral universal, inherente al hombre, la cual es posible conocer por medio de la razón.

Estos más que ser tópicos recurrentes de la filosofía alemana son sus axiomas. La excepcionalidad según muchos se encuentra en el supuesto materialismo marxista y en el idealismo antiromántico nietzcheano.

Pero esto sería así tan sólo aparentemente. Para Marx el hombre vivía en un mundo pre social en que regía un matriarcado y un comunismo primitivo pero que no se correspondía con la naturaleza del hombre. Toda la historiografía conocida ha sido un valle de lágrimas que el ser humano necesariamente debe transitar hasta redimirse. La historia no es un motor que se alimenta con las contradicciones sino que una trayectoria necesaria compuesta por estaciones. La dialéctica se deduce de una historia humana ya conocida por Marx y a la cual accedió por la única vía posible de conocer detalladamente lo meta empírico, es decir, mediante la revelación. O bien una meditación trascendental lo condujo a la epifanía o tal visión no era más que una reordenación ingeniosa del acervo metafísico que decía estar criticando. Mientras se mofa de la lógica hegeliana por ser vacía, del mismo modo que la moral kantiana es meramente formal, las dota a ambas de contenido creando un evangelio moderno que niega transitoriamente el universalismo católico cristiano profetizando que será restaurado una vez que la historia haga lo suyo. Los hombres son iguales unos de otros, pero no lo son en el Estado sino que en la mera formalidad; el hombre se emancipa en el momento que se reencuentra con su naturaleza organizándose políticosocialmente de una forma adecuada.

Para Nietzche la tragedia del hombre ha sido precisamente esta noción redencional cristiana. La igualdad original corporativa de la cual se compadecen los románticos germánicos, que se ha perdido en la antigua Atenas, es una mistificación carente de sentido pues el hombre se había perdido a sí mismo mucho antes. El origen de la tragedia estaría en Sócrates, en su visión absurda que existiría una realidad ideal a la cual deberíamos regirnos. El hombre perdió su capacidad de gobernarse a sí mismo - y en eso no podemos estar en desacuerdo con el célebre sifilítico - pero eso es contrario a su naturaleza, y ahí tenemos de vuelta la monserga mistificante y naturalizadora del hombre. Por más que Nietzche sea el mayor crítico y desmitificador de la filosofía alemana su empeño en polemizar dentro de su cultura lo hace cautivo de su lenguaje, y al parecer de sus axiomas. Las religiones universalistas son la expresión palmaria de la decadencia del hombre, pero el decaer (o progresar) supone un sistema valorativo meta histórico; el hombre estaba más cerca de Dios en un pasado idílico y si supera la hipocresía de las religiones, que en vez que contenerlo sólo lo limitan, podrá desatar toda la potencia contenida convirtiéndose en su propio Dios. Pero ¿Porqué sería mejor este hombre libre, desatado, al punto de ser arbitrario y déspota, que el diligente y sumiso hombre de familia? Porque el hombre libre, metafísicamente hablando, es un axioma de la filosofía moderna pero en específico de la alemana; la crítica nunca alcanzaría los axiomas sólo los argumentos anteriores construidos al alero de ellos.

Pero esta forma de razonar no es adjudicable a tan sólo una visión de mundo - para utilizar un concepto alemán - típicamente finisecular. Los alemanes perseveraron durante el siglo XX en la creación de nuevos banquetes utilizando los mismos ingredientes. La idea kantiana de conciliar el determinismo animal y la libertad, que definiría al hombre, y la idea conservadora del paraíso perdido, nostalgia de aquello que nunca existió, vuelve en Freud y Erich Fromm, el hombre nace libre y la sociedad lo reprime, lo que el lenguaje separó el lenguaje une; y el neo marxismo de Fráncfort insiste al igual que el neo neo de Krisis, en la monserga germánica de un hombre disgregado, esquizoide, enfrentado así mismo, posible de reconciliar. Al igual que Marx se reviste el idealismo moral y la nostalgia romántica de un materialismo que lo exime de rendir cuentas en algún tribunal metafísico. Si el hombre debe transformar su sistema social para ser hombre a cabalidad quiere decir que la idea de hombre trasciende la historia y todo aquello que conocemos por humanidad.

El hombre debe ser porque de algún modo es. El intento de falsificar una noción de hombre para justificar un determinado programa político ha sido la mayor la contribución de la filosofía alemana a la historia de la modernidad. Si somos animales que compartimos un acervo genético, que se nos ha impreso una cultura, y en la vida lidiamos entre rebelarnos y conformarnos a ella, no existe un hombre que sea, más o menos hombre, de lo que somos nosotros en este preciso momento. Y para comparar moralmente a los distintos sistemas culturales, que es lo que haría diferentes a los hombres, exigiría que contáramos con un punto de valoración del cual carecemos. La desesperación por poseer alguno ha llevado a que los metafísicos inventen el suyo para, o bien justificar el statu quo o la transformación política interesada. Esto olvida que la política no debe porqué fundamentarse en una idea trascendente pues bien puede ser un acuerdo entre algunos hombres en pos de materializar sus anhelos, sus razonamientos y hasta su mera voluntad caprichosa de imponerse, resistirse o conformarse. En síntesis, naturalizar al hombre es considerar su cambio o conservación como una necesidad lo que impide su desarrollo en tanto voluntad y proyecto; existen varios modos de naturalizar al hombre, por ejemplo la socrática, y la de Marx es otra aunque con luces de neón se escriba lo contrario.

Es y ha sido una peligrosa idea el que encontraremos la medicina frente a la hipocondría resolviendo la sensación de vacío que experimenta el hombre intelectualmente inquieto al contemplar la inconmensurabilidad de nuestra ignorancia. La ansiedad por restringir la búsqueda del conocimiento sentenciando respuestas no sólo es una típica actitud de ideólogos o de propagandistas, sino que es una vocación que ha asumido la filosofía en general y la alemana en particular, con Carlitos Marx de mascarón de proa.

7 comentarios:

Tokonao dijo...

"La alternativa política" no se construye, cero yo, ejerciendo un relativismo ético: patendo el pasado, hacer tabula rasa "amnésicamente"; o con un relativismo histórico: despreciando aportes, y porque no, beneficios, a los parias del mundo, para su liberación del pantano infame del lucro; o con un relativismo político: creer que el candil hegeliano es la única flama del pensamiento marxista; y, por último, con un relativismo estético, aunque un poco más coherente, por lo menos: poner la foto de Marx de cabeza ? para sugerir qué ? Yo creo que lo reivindica.

azeta dijo...

Toconao,
en primer lugar gracias por los comentarios.
Debido a tu anonimato no queda más que responder aquí:
La escuela de salvación de las américas sigue funcionando y ha tenido alumnos chilenos en forma ininterrumpida desde su fundación. Es un hecho público y notorio por lo cual el deber especificar fuentes es menospreciar a los lectores.
No entiendo porqué es tan necesario un esencialismo estético, en esa parte me perdí.
Lo que sí tengo claro son los efectos nefastos que trae consigo el esencialismo moral pues ningún sistema represivo puede sostenerse sin alguno.
Esta ha sido una situación inadvertida por el marxismo: Los proyectos de eliminación del otro comienzan cuando establecimos algún tipo de superioridad moral.
Si la moral es producida mediante la socialización del individuo me pregunto cómo es posible exista tan sólo una si los sistemas sociales podrían ser diversos, y lo han sido, en forma ilimitada.
Con lo último quiero manifestar que el relativismo moral es una conclusión científica, es decir, obstante de la discusión política que entraña, postular lo contrario es un auto de fe. ¿Y dónde quedamos? ¿Hacemos teoría o ideología? Y si nos dedicamos a los autos de fe ¿qué ocurrió con eso del opio del pueblo? ¿de socialismo científico? etc
un abrazo
ariel zúñiga

Tokonao dijo...

Estimado Ariel, ya sacaré el rostro detrás del nick, pero por otros medios. Me interesa aquí tu posición y las ideas. Creo que nuestros „biografemas“ tienen un valor suficiente de identidad, y al quedar aquí estampados aunque sea en esta infinita virtualidad, sabremos indentificarnos.

Quisiera conversar a partir de tu última entrada, y espero, más allá de sus planteamientos y tu blog, que comenzó suavecito y poco a poco „mostró la hilacha“, al decir de otro lector que te lee. De ese comentario yo no me encargo ni me hago cargo, te lo comento nada más. Te confieso además que es una de las pocas veces que una opinión me pone tan seriote. Me moderaré.

Posesionarse del "marxismo" como una ´doctrina´, como un corpus estático e inamovible, y a partir de ahí y no sólo de ahí, situarse en los descuidos o errores ( que los hubo, como no ) y las supuestas obsolescencias de sus tesis, es también caer en un "relativismo epistémico", o en el peor de los casos, en una lectura de mala fe, dicho esto último parreanamente. Ese relativismo que pretende que la verdad o falsedad de una afirmación, es relativa a un individuo, a una corriente o un grupo social. De qué marxismo estamos hablando, ¿ cuál de todos aquellos que han intentado practicarse y que no los han dejado casi nunca desarrollarse, desde la Operación Northwoods hasta la „Guerra Fría Cultural „ ?

El relativismo ético, que oscila entre lo que es bueno o malo, deseable o reprimible; nunca situarse en un criterio de justicia y honestidad. Pero que el relativismo moral sea una "conclusión científica" y de ahí extrapolarlo a lo social, habría que saber qué conclusión científica es esa; o si es pertinente o no concluir de esa manera.

El Capitalismo funciona mejor si hay "corrupción estética" ; para que la forma y el gusto no tengan límites y se consuma de manera indiscriminada, sin función, con novedosos minimalismo(s). El "vale todo" también invalida los hechos y las figuras que han aportado caminos, rutas, alternativas a la belleza social: esa comunidad de valores y gustos diversos, sin hegemonías o dominativo espíritu. Me dirás que esto no es más que una utopía. Pero de eso se trata; empezar por justificar políticamente, es decir con justicia, la función que cumple un cambio de paradigma o una inversión.


Situarse en estos relativismos hoy, es echarle leña a la Máquina de Babel, y no es justo alentar estas posiciones, cuando se está o se ha estado durante toda la historia ( la práctica marxista ) en desventaja y sin posibilidad de desarrollar la "teoría" y a la vez „praxis“, libre ya, algún día, de las deliberaciones ideológicas.

Prefiero acordarme, primero, de la Escuela(s) de las Américas, que siguen funcionando por otros medios, y que han tenido alumnos no sólo chilenos: allí los proyectos y procedimientos de eliminación del otro, adquieren una inmoralidad que habrá que denunciar con nombres y apellidos. Luego veré si es justo o no ´fijarme` en los salvadores, mesiánicos o redentores que han caído en la trampa. Se trata, generosa y críticamente, de hacer ver dónde hemos fallado, cuáles tergiversaciones e imposturas se han amañado con la(s) teoría(s) marxista(s).

Las lecturas que ha hecho la izquierda tradicional del „marxismo“, que con su conducta ha llevado a subestimar a movimientos sociales -tales como el feminismos, homosexuales- ha hecho surgir y desarrollarse variopintos posmodernismos. Es una reacción con las viejas ortodoxias de la izquierda. Es la izquierda tradicional la que se ha arrogado como la heredera legítima de la Ilustración, y por lo tanto, la encarnación de la racionalidad científica. De ahí viene la desconfianza de la ciencia y la racionalidad; es decir, la visión estrecha de vincular el materialismo filosófico con una teoría de la historia, donde primaba las luchas económicas y de clase. Ha sido un error conceptual -eso- que ha llevado a posiciones ideológicas que niegan los hechos y la objetividad de las „teorías marxistas“.

El „espíritu“ crítico es una voluntad; el corazón, con razón y evidencias; el opio, una figura de la enajenación. Por lo mismo, la frase completa, más o menos, más o más, de carlitos : „ la religión es el espíritu de una situación sin espíritu, el corazón de un mundo sin corazón, la religión es el opio del pueblo“. Todas condiciones, que el marxismo en su desarrollo diverso, ha sostenido, sosteniene y defendido.
Y lo de „socialismo científico“, es una discusión superada, que nunca ha desmerecido lo medular de la teoría.

Salud y abrazo

azeta dijo...

Estimado Toconao,

entiendo la importancia de reconciliar lo bello, lo bueno, lo justo y lo cierto. Es un anhelo sentido y se encuentra arraigado en las atrocidades que el conocimiento alienado ha producido. La complicación radica que la racionalidad no se sostiene a sí misma pues ella no logra explicar porqué es mejor que la irracionalidad; el considerar que la razón es mejor es una cuestión moral, y qué duda cabe, toda moral es contingente y relativa. Por lo mismo más que hablar de lo que debe ser pareciera que es mejor decir cuales son nuestros anhelos, y ellos, al no asentarse en una deontología o teleleogía resulta que se confunde con nuestra estética, incluso más, aparece como una mera tincá.

El que QUERAMOS, algunos reconciliar lo bueno, lo bello, lo justo y lo cierto, no significa que queramos ese propósito por sobre cualquier otro, por lo mismo no implica, necesariamente, inventar o reinventar una ideología.

El que la moral sea relativa, y el empleo de la racionalidad implica una opción moral, auqnue dicha opción sea utilitarista, no implica un relativismo epistémico. Todos sabemos, y podemos darnos a entender racionalmente, eso explica que los aviones no se caigan todos los días y que funcionen las normas de tránsito; pero eso no implica que queramos ocupar la racionalidad para algunos asuntos por ejemplo, las élites tienen tan claro los estragos que podría producir el empleo de la racionalidad en las ciencias sociales que su apuesta es por la irracionalidad. El modo de combatir con las élites es reivindicando lo BUENO de ser racional en todo momento y lugar, por la belleza de la coherencia o de la armonía o lo que prefiramos.

La CREENCIA en que la moral DEBE ser, necesariamente, una, y por lo tanto la humanidad pese a su historicidad y complejidad sea estática, en el sentido conservador de venimos cuesta abajo en la rodada, decadencia, de tiempos inmemoriales; o "progresista" según la idea que nuestro destino es ser como debíamos ser desde el principio y de ese modo completarnos, emanciparnos o redimirnos, es lo que critico. Y lo critico en específico para la izquierda, y tu dejas constancia de ello, ya que esa creencia para la izquierda es consecuencia de otras dos: 1º La creencia que la izquierda ha sido, es o puede ser popular; 2º La creencia de que la de la popularidad es posible desprender una moralidad.

La izquierda no ha sido ni es popular, cada vez que ha gobernando ha debido usar el poder para cambiar al sujeto que se supone iba a liberar. Ese modo de pensar es transversal a la izquierda tanto la hegeliana (que quizá es la expresión más caricaturesca) hasta la posmoderna propiamente tal exhuda de ese cambiar al humano para aceptar a la humanidad. Lo que cambia son los distintos esencialismos que larvan en dichas doctrinas, por ejemplo, el buen salvaje en el anarquista. El tema no es ser materalista porque sí, o ateo porque sí. Se trata que el único modo de comprender el mundo, y por lo tanto, de criticarlo, es mediante el empleo de la racionalidad; si transformar el mundo desde una voluntad política es nuestro propósito debemos conocer para dominar, controlar o cualquiera sea el modo que le llamemos. La ignorancia, aun sea muy bien intencionada y bella no nos conduce hacia ningún destino.

Si el sistema se preocupa especialmente de controlar ideológicamente a los individuos, y en eso, qué duda cabe, es exitoso, cómo sería posible que la izquierda fuera popular. Más aún, cómo podría hacerlo si se preocupa de ser correcta y en vez que sustituir las falsedades con otras, por ejemplo las mistificaciones con promesas de un paraíso pos revolucionario. Lo que ocurre es que sustraerse de los procesos de impresión del sistema en el ciudadano, sustracción que sólo puede ser parcial, es excepcionalísima y esa es la razón por la cual una izquierda, un grupo de sustraídos que se organizan para cambiar el mundo según su extravagante modo de ver las cosas, va a ser siempre minoritaria. Esa situación de minoría no va a variar porque el ese grupo de offsiders digan que su modo de ver las cosas es el correcto.

Por eso que la izquierda debe asumirse como minoritaria y debe actuar políticamente sin complejos en relación a lo que quiere es cambiar el mundo no el liberal al hombre de un sempiterno encantamiento.

un abrazo,

ariel zúñiga

ToKonao dijo...

Azeta:
Lo que me llama la atención, entre otras piruetas, es el tono, quizá pretendidamente desacralizador, insidioso y mosqueado de tu alegato ; al fin y al cabo demasiado teórico, refinado y, por qué no, nihilista. Por eso insistía en los variados relativismos ( « buscarle el cuesco a la breva » ) que hoy por hoy se practican. Siento que es una reflexión como « a la maleta » ; sonsacando adrede los descuidos o faltas, mezclando unas cosas con otras –eso de la filosofía alemana con el marxismo- aunque los hechos hayan y sigan demostrando lo contrario. Adelantarse a realizaciones que ni siquiera se han podido practicar, por el solo hecho que no se han dado las condiciones. Porque no se sabe qué « historia » estás tú viviendo si dices que Marx estaba equivocado en cada una de sus tesis, pues lo ha demostrado ella como su detractora.
¡ Marx proponiendo un sistema económico que sostuviera la economía industrial !
Los enemigos de Marx siempre lo han querido declarar muerto y bien desaparecido, y por si acaso, cada día que pasa, lo vuelven a enterrar.
Las concepciones de Marx – y no sólo de él- deben ¿ de qué otro modo ? entenderse como posicionamientos teórico-ideológicos que respondian a problemáticas sociales y políticas de su tiempo, y no como elucubraciones puramente personales, caprichos tiránicos o anhelos de gloria. Posicionamientos que pugnaban por establecer una estrategia de actuación prioritaria, como primer momento necesario y crear las condiciones y quien sabe si a lo mejor para dejar de créer que una moral deba ser una. Para esos posicionamientos, a su pesar, hubo reacciones declaradamente reaccionarias como la de Bismarck, la unificación nazional alemana, la, decían, « definitiva » crisis económica y social, las leyes antisocialistas, etc., que luego terminó en ese materialismo histórico que no era más que una filosofía y no un análisis histórico. Y para qué hablar del « renegado » Kautsky que convirtio todo en « dogma marxista ».
¿ Y la distancia que hay entre Marx y el marxismo ?
Habrá que situar genealógicamente el discurso marxista en esa coyuntura histórica concreta primero, luego podemos ocuparnos si la complicación radica en que la racionalidad no se sostiene a sí misma, o que ella no logra explicar porqué es mejor que la irracionalidad…
El pensamiento de Marx no es sólo una « mezcla » de este o de este otro ingrediente ; dio una vuelta de págica de la historia no sólo por su originalidad y creatividad de sus aportes, sino que por su pertinencia y relevancia de sus contribuciuones.

Veamos las equivocaciones « propias » de cada una de sus tesis, según tú :

- Y qué hay de la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter individual de la acomulación que lo lleva a pronosticar la condena y el final de capitalismo. Otra cosa es que lo han querido revivir y refundar una y otra vez.
- Los ciclos del capitalismo –con sus crisis cíclicas
- La acomulación del Capital
- Varios etcéteras

Saludos

ToKonao dijo...

Estimado:

Tambiém me da a veces la impresión -leyendo tus otros post ahora recién, pues no había tenido tiempo antes de estos, mis primeros comentarios del artículo que nos/me ocupa- , que tomas como referente a tus críticas a una sedicente izquierda chilena, que nunca pudo haber sido de ese calificativo desde el momento en que se transa un aceite con agua, ya sea de Frei con Allende o de Pinochet con Lagos. Pero para ser justos, y eso es lo que reclamo, la transición de Eduardo Frei Montalva a salvador Allende Gossen, si bien no se aceptaba desde el punto de vista de "la toma del poder por las armas" ( MIR, "Ultraizquierda" ), era un paso casi inédito en la historia de ese país ( casi: ver los sables de Marmaduque Grove ), que los usaamericanos, junto a la prusiana casta militar y la mitad de borregos y society chilearribista, vieron con las fauces fruncida. La violencia del poder que abortó esa experiencia no se puede comparar con "poder" o el "regimen", o con el "populismo" y la "dictadura estatal"; ni con el caos , ni con los cabeza de pistola, ni con las de los upelientos de la interna de salvador Allende. Incurrir en esas comparaciones es como ver la paja en el ojo ajeno; es no ver los MEDIOS y las DESVENTAJAS, es perder la capacidad de discernimiento, los matices que habrá que rescatar de una aplanadora amnésia parcial del Chile tirado a progre postdictatorial. No saber ver o querer, las diferencias de una izquierda amañada de una más consecuente, es no tener voluntad crítica y autocrítica para señalar el punto de arranque y ruptura de un proyecto social que se quería "socialista". Hay un típico tics intelectual posmodernista que todavía hace mella en los preconversos: la oportunidad de ver los errores y no las desventajas, como tambien las "desproporciones" del enemigo pero sin considerar el grado de fuerzas y poder, les permite decir ( "opinar", dirian las audiencias azucaradas, como "deducir", dirían los "resistentes" que van cediendo ), que el proyecto, el principio, la idea, es falsa; o en la peor perversidad, dictatorial. En españa, los sacrofachos todavía creen que el "PPSOE" es de izquierda. Pinochet estuvo toda su ponzoñosa verba difamando a un comunismo que nunca existió. Hasta diagnosticaron "cáncer" que había que extirpar. De ahí a perder la bolita, en el juego de las cajas mediáticas, habia un paso. La generalizaciones, como los tics relativistas no dejan pulir el discernimiento del sentido común sin condiciones y espacio. Ya amordazado. Ninguneado.

Lo último, lo digo en forma general : cuando ya algo o alguien viene fracasado, impedido, limitado y se impone a pesar, y luego se arrima a los triunfadores; eso es un esperpento. Si esta fracasado, no debiera porqué celebrar.

Saludos, y que conste todo mi interés y respeto por lo que tú escribes.

azeta dijo...

Muchas gracias por tus comentarios, aquí me extiendo un poco más ya que el audio es más flexible.
Un abrazo.
El comentario lo puedes bajar (está en mp3) en esta dirección:

http://www.fileden.com/getfile.php?file_path=http://www.fileden.com/files/2008/4/18/1872452/respuesta%20a%20toconao.mp3

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