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miércoles, 16 de septiembre de 2009

Neo Darwinismo con Piel de Oveja.

Por Ariel Zúñiga Núñez. (Azeta Ene)


Eso deja asomar tras el colapso de Pascua solo dos conjuntos principales de factores: el impacto medioambiental del ser humano, especialmente la deforestación y la eliminación de las poblaciones de aves; y los factores políticos, sociales y religiosos que hay tras esos impactos, como la imposibilidad de que la emigración ejerciera de válvula de escape debido al aislamiento de Pascua, su dedicación a la construcción de estatuas por las razones ya analizadas y la competencia entre clases y jefes que impulsaba la erección de estatuas cada vez mayores, lo cual exigía cada vez más madera, más soga y más comida” Jared Diamond, Colapso, pag 164.


Rapa Nui, conocida occidentalmente como la Isla de Pascua, debido a ser avistada por el holandés Jakob Roggeveen el 5 de abril de 1722, fue diezmada poblacional y culturalmente por Europa. Muchos años después, los occidentales de buen corazón pretenden desenterrar sus misterios con el afán de construir una historia mistificada, supuestamente de universal contenido.

¿Es bueno mentir en historia si esto nos ayuda a lidiar con el presente? Quizá si, pero no creo que sea válido si la finalidad es sólo vender libros.

Según el modo occidental de referirse a estos fenómenos, la isla fue “descubierta”; del mismo modo en que América lo fue pese a que en ella vivían millones de “descubiertos”. Tal cual como el continente americano no es posible descartar que este contacto documentado, el de Roggeveen, haya sido el primero entre europeos e isleños. Tampoco podemos descartar que existiera una ruta comercial entre América y Rapa Nui, y la polinesia en general, tal cual lo defendiera Heyerdahl. La dieta polinésica se fundamenta en la papa, que es originaria de América, eso hace que algunos incluso hablen de un Inca Navegante: Tupac Yupanqui.

Fuera de las conjeturas, lo cierto es que al ser avistada la isla por los navegantes europeos, miles de seres humanos cumplían más de un milenio habitando la porción de tierra más aislada del planeta (la costa más cercana se encuentra a 3.200 kilómetros).

La autonomía de Rapa Nui ha sido severamente atacada en los últimos años por autores ecologistas, especialmente por el reputado biólogo y escritor estadounidente Jared Diamond, adjudicando a su forma de vida la destrucción del frágil ecosistema polinésico. Pero tras esa imputación yacen las evidencias silenciadas u omitidas, desperdigadas al igual que los fragmentos de moais por la superficie de la isla.

Generalmente se omite que la población de la isla fue diezmada por al menos tres plagas de viruela documentadas más, quién sabe cuantas más plagas traídas de Europa por expediciones clandestinas y que nadie se tomó el trabajo de reportar. En algunas islas de la polinesia se exinguió por esas vías a todos los habitantes, al igual que con la población autóctona de casi toda América.

La cultura Rapa Nui recién fue registrada por un religioso más de 160 años después de la pascua de Roggeveen para cuando a penas sobrevivían 110 nativos en deplorables condiciones, es decir, los que no habían sido vendidos como esclavos o asesinados por ser influyentes entre sus pares. Es decir, se mató a sus sacerdotes, intelectuales, ingenieros, en general a todos sus líderes, por lo que la cultura que se intentó recuperar era tan sólo un pálido reflejo de lo que había sido. Esa es la explicación de que la construcción de moais sea un misterio pues dichas técnicas fueron enterradas con sus portadores y se aniquiló incluso el idioma con el cual podía ser contada la historia oral como a los historiadores y pregoneros.

¿Cuantos humanos poblaron la isla? ¿Cuántos de ellos existían a la época de la primera expedición europea?

Según Diamond entre quince y treinta mil personas quienes eran sustentadas por la agricultura desarrollada en los escasos y yermos 160 kilómetros cuadrados de superficie. Es decir, un rendimiento agrícola y densidad poblacional superior a la de los países más industrializados de la actualidad.

Los primeros relatos Europeos señalan que los habitantes de Rapa Nui eran desgarbados y famélicos antropófagos, semejante a los relatos de los primeros cronistas occidentales, desde Colon a Magallanes. Las exageraciones e imputaciones demoniacas eran muy útiles a la hora de legitimar el exterminio, la esclavitud y la usurpación.

Para James Cook, los subhumanos que habitaban la árida estepa en el lugar más recóndito del pacífico dedicaban su tiempo a tareas absurdas como construir megalitos o competir por huevos de pájaros; cien años después, al registrarse su “cultura” y su “lengua”, o más bien los maltraídos rumores que los isleños enfermos conservaban, se consolidó hasta nuestros días la leyenda que los Rapa Nui fueron salvados de la autodestrucción por los “descubridores”

La erosión del suelo por lo tanto, Diamond, pese a la basta evidencia que dispuso, no la atribuye a que la isla se destinara por más de un siglo a estancia ovejera. Se toma en cuenta la “tradición oral” Rapa Nui pero sólo en aquello que beneficia a la interpretación que el occidental busca: Se pretende alertar al mundo sobre los peligros que entraña nuestra economía depredativa ejemplificando con el caso de la Isla; como se trata de una loable finalidad se permite el forzamiento de la información disponible.

Es cierto que la extinción de los grandes árboles no es atribuible en exclusiva a los europeos pero afirmar que los Rapa Nui fueron arrojados al borde el precipicio por gobernantes despiadados coadyuvados por una fe ciega, y que ello casi los extingue no sólo es una exageración, es la continuación de la aniquilación cultural sobre la base de la cruz y la espada.

Se soslaya que la piedra no sólo era usada con fines ideológicos sino que, a falta de madera, se construían corrales y cortavientos para sus pollos y cultivos. Un sistema no sólo sofisticado sino que además exigía un arduo trabajo, y productividad, de los “ociosos” nativos.

Cuando llegaron los europeos miles de Rapa Nui, sin contar con navegación de media o larga distancia, por ende de pesca de profundidad (atún o delfín), ni abastecimiento que no fuera su agricultura, sobrevivía. Y eran tantos los isleños que soportaron incluso las plagas europeas y el pillaje que los esclavizó en las plantaciones francesas de la polinesia o en las guaneras españolas situadas al frente del Perú (las tristemente célebres para Chile islas Chinchas que ocasionaron la guerra con España y la destrucción del puerto de Valparaiso).

Todos los habitantes de la isla capaces de trabajar fueron esclavizados y los de mayor estatus simplemente fueron aniquilados. Hasta hace un par de décadas los sobrevivientes, a quienes se les había negado y destruido su cultura, fueron considerados recién ciudadanos chilenos y se les liberó de Hanga Roa que no era otra cosa que un campo de concentración.

Las manifestaciones culturales que hoy exhiben voluptuosamente los “pascuenses” no son más que adaptaciones que ellos han realizado intuitiva o deliberadamente de un mitológico pasado. Excelentes talladores los “pascuenses” cuando nunca en su isla existió madera apta para el tallado; escritores en su propia lengua la cual se sabe inventada a mediados del siglo XIX, quizá para seducir a algún mercader o como otra de las tantas tretas europeas destinadas a inflar las ganancias. La isla perdió su idioma, su historia, su agricultura tradicional por lo tanto todo lo actualmente “pascuense” debe entenderse como reinventado, tanto por los retornados de las islas Chinchas como de Tahiti, pero fundamentalmente con fines turísticos -económicos- hace unas pocas décadas.

Y si fuera poco la aniquilación de su cultura y la tolerancia de la impostación de otra, hecha a medida e incluso a pedido de los europeos, los nuevos salvadores del planeta esconden la real contribución de Rapa Nui a la humanidad: Más que ser el ejemplo de cómo el hombre es llevado irracionalmente al colapso económico producto de la depredación ambiental lo es de la capacidad del ser humano de sobrevivir a condiciones extremas, sobreponerse, incluso a la catástrofe climática, aún fuera provocada por la desidia u obcecación de sus habitantes.

Diamond, al igual que en “Armas, genes y acero”, en aras de su historia total sólo ilumina con su precaria linterna hacia donde quiere ver. La ideología evolucionista, darwinista, progresista subyace en su análisis al cual nunca le basta el comprender lo que ocurre sino que aspira a juzgar la historia trazando una trayectoria, lógica, entre lo subdesarrollado y lo desarrollado. Para él Rapa Nui no es una civilización de estima por cuanto haber sido exitosa durante un milenio, es decir más que el Imperio Romano, y alimentar a una población tan eficientemente como para destinar a gran parte de ella a la construcción de monumentos. Los miles de habitantes de la isla hicieron de ella la economía más sofisticada de su época en relación al volumen de intercambios, densidad poblacional y división del trabajo. Pero esto no importa, lo que le interesa rescatar es la historia negra, escrita por bucaneros y con fines de dispensa moral o para la animación de fiestas en burdeles.

Espero que Diamond no siga honrando a nuestro pueblo con sus investigaciones pues no es el pasado, ni el futuro, lo que le interesa, sino que el ruin afán de vender libros. Para ello debe recrear las fantasías occidentales, disponiendo de la ciencia como un acervo de mitos que se pueden utilizar antojadizamente, para que su público prefiera su relato antes que las tesis ufológicas.

Me gustaría que el señor Diamond con su elaborada verborrea, seguramente escrita en las sombras, me explique cómo diablos la dieta de la polinesia dependía de las papas si jamas existieron contactos con América antes de la intromisión europea. Esa es una de las preguntas que seguirán inquietando, pero que este autor, ya que su interés no es la ciencia sino que la industria editorial, continuará eludiendo.



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2 comentarios:

Fiestoforo dijo...

Muy buen artículo, me gustó bastante.
He leido sobre "teorías" revisionistas que hablarían que en América, después de la venida de los europeos, no ocurrió un genocidio, sino que las poblaciones murieron por su falta de defensas contra las enfermades. No obstante, los españoles utilizaban cadáveres infectados concientemente para diezmar las poblaciones.
Es interesante y triste darse cuenta que el etnocidio continúa hasta nuestros días como una forma de controlar.

Anónimo dijo...

Ariel,

Se agradee tu última columna. De todas formas, y para tu tranquilidad, dentro del ámbito académico a Diamond nadie lo pesca, por el contrario está muy desprestigiado (principalmente por su neodeterminismo ambiental). En dónde ha repercutido más su obra es en el mundo de los "best sellers". De todas formas sus investigaciones no son originales, el sólo hace referencias a otras investigaciones primarias, que luego interpreta bajo su modelo neo-determinista.

Un abrazo.

M.

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