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miércoles, 12 de marzo de 2008

El concepto de clase media nos remite a los albores del pensamiento social. No es llegar y sacarlo de la discusión a propósito del uso impúdico de éste como fachada del actual sistema de opresión en Chile.

Porque este debe ser el único país en que todos son de clase media: Lagos, Piñera y ahora, obvio quién más, Yasna Provoste, la niña símbolo.

Cuando estudiaba en la Diego Portales todos, digo TODOS, mis compañeros de curso estaban dispuestos a batirse en un duelo de esgrima si es que uno dudaba de que fueran de clase media. Cuando debía explicar que la esgrima no me era un deporte familiar cambiaban su estrategia y trataban de hablarme como político en campaña.

Así, los que éramos la señora Juanita de la escuela, terminábamos relacionándonos en los márgenes a los cuales nos enviaba centrífugamente la misma fuerza que a ellos los aglutinaba en el centro.

Pero si hubiéramos sido pobres, a lo Burkina Faso, no habríamos pisado nunca la facultad a no ser como objeto de estudio. ¿Era posible tal heterogeneidad en una “clase”? ¿Puede la media ser desde todos aquellos que no se movilizan a diario en helicóptero hasta los que no vivimos en una “caleta” a las orillas del río?

El asunto ni es sencillo ni es pacífico. Al asentarse los conocimientos se mitifican y difícilmente se quiere ir más allá de lo dicho que termina siendo un dictamen.

Ser de clase media depende ¿del lugar que ocupamos en la producción? ¿del reparto del excedente social? ¿de nuestro lugar de subordinación o de dominación? ¿por su inclusión al mercado laboral y o de consumo?

La sociedad ha sido la misma a grandes rasgos desde que existe civilización, sin embargo dentro de la civilización se han producidos modificaciones en estos últimos quinientos años, y qué decir sobre los últimos trescientos, que hace que muchos se mareen y crean todo lo inalterado durante diez mil años como coincidente e irrelevante. Para comprender estos últimos años han analizado a la sociedad es decir, la han dividido en unidades lógicas susceptibles de ser examinadas en detalle y por separado, con el objetivo de algún día poder unir las piezas y comprendernos, en totalidad.

El problema es que algunos de los conceptos es decir, algunas de las unidades lógicas abstractas, luego fueron analizados como si existieran más allá del análisis que las creó.

Y eso nos lleva a la separación entre Estado y Sociedad, distinción analítica que ha sido la cuna del pensamiento social moderno del mismo modo que la tumba de toda posibilidad de comprender a la humanidad.

El poder es indivisible por lo tanto el análisis sólo pretendía comprender mejor el poder no invisivilizar el poder en la sociedad como la sociedad en el poder. En los últimos quinientos años se ha pasado en Europa desde un sistema de producción agrícola a pequeña escala a una global, como la de los tiempos de Roma, en que los excedentes se acumulaban en metálico a una economía de producción de aplicaciones tecnológicas, imágenes y diseños en predominancia pasando por las estaciones del fisiocratismo, del mercantilismo, del capitalismo de casino, del capitalismo industrial desarrollista. En nuestro actual mundo “florecen mil flores” y coexisten los sistemas coloniales, esclavistas, bucaneros, de especulación y de producción fordiana.

Esto afiebra a los pensadores puesto que han sido educados en la lógica de confundir el dedo con lo que apunta y de analizar conceptos aisladamente que fueron producidos en análisis previos.

Tener dinero no es tener los cuatro ases en la mano, como tampoco tener el conocimiento legal, o el científico, o la invulnerabilidad que consiguen los que se asocian a una mafia como una gran empresa, partido político, gobierno, religión o ONG. Nada de ello asegura el dominio pero todo eso es de suyo al dominio. El resto de los seres humanos se las deben ver sin dinero, sin conocimientos legales, ni científicos y sin el aval de mafias (llámense públicas, privadas, legales o ilegales)

Cuando “compran” una casa, un auto, un refrigerador y hasta sus calzoncillos, se lo arriendan a quienes tienen el dinero que surge de su propio trabajo o de los ahorros previsionales, quienes les permiten endeudarse tanto para su supervivencia como para la satisfacción simbólica de las exigencias publicitarias. Quien compra una casa a cuarenta años no puede decir que sea un dueño, es un arrendador al cual el dueño le permite que sus herederos no le paguen canon.

Que una ministra que ha nacido en una familia rural, pobre, pero que luego producto de las coyunturas políticas de la época le cae bien a algún patricio por ser la más entusiasta pegando afiches y confeccionando engrudo y este la “apernara” en el gobierno, no es una demostración de que en Chile opere la meritocracia. El que diga la ministra que todo se trata de una conspiración pipiola o pelucona es sólo una demostración más de que la movilidad social, al ser una quimera, cubre con un manto de sospecha a todos quienes ascendieron. Ella es la Ministra de Educación justamente el punto crítico que impide que en Chile los hijos de familias rurales puedan aspirar a que por sus méritos algún día puedan ocupar altos cargos.

No creo que la ministra al aludir a su “clase media” esté victimizándose. Sólo explicita algo que todos piensan pero que nadie había querido decir: Cómo una profesora de educación física es la persona que está dirigiendo la reforma más importante del país.

Es “raro” por decir lo menos, que ocupe tan alta investidura, y si fuera hija de Sutano o de Mengano podría tener un título más acorde comprado en cualquier universidad de papel o un doctorado pagado con nuestros impuestos. Al provenir de “clase media” debe nadar cual salmón en desove y acelerar de 0 a 100 kilómetros por hora en seis segundos. El tránsito de la escuelita rural a la Moneda requiere no sólo una sino que muchas explicaciones.

Lo único que está claro es que su alta investidura y la férrea defensa que ha hecho el gobierno a su gestión, incluso a riesgo de sí mismo, la hacen estar por encima de todos nosotros que no seremos defendidos nunca aunque nuestras causas sean mejores. Al disponer de poder, está por encima del noventa por ciento de la población mundial que carece de él o que dispone de tan poco que lo deja en una vulnerabilidad tal que lo hace preso de la arbitrariedad de los Provoste, los Bachelet y otros tantos sujetos de “clase media” de nuestro país.

2 comentarios:

Ditaur dijo...

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