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martes, 24 de marzo de 2009
Cientificismo, Dogmatismo e Ideología Marxista.


«El marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la Humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés» (V. I. LENIN. Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo).

Las críticas profundas a Marx pueden sintetizarse en dos:

1º En un primer momento acoge muy en serio la filosofía nacionalista Alemana.

2º En un segundo momento, acoge muy en serio la economía política Inglesa.

Las reflexiones de Marx comienzan en un fluido humanismo y van transformándose paulatinamente hasta llegar a categóricas afirmaciones en las cuales el ser humano, se pierde en los sistemas filosóficos y económicos empleados. Engels lo explica, había que hacerlo ya que el cambio social y la fragilidad de la economía política eran cuestiones invisibilizadas, ellos se vieron obligados a hacer hincapié en estas dos cuestiones obvias y para ello utilizaron los sistemas de pensamiento incuestionados en su época: La Filosofía Hegeliana y la Economía Política Inglesa, en especial la de David Ricardo.

No se debe confundir la Filosofía Hegeliana con la Filosofía de Hegel. Hegel pasa de ser una víctima de Napoleón a un fervoroso esbirro del imperio Prusiano. Su obra es monumental ya que intenta justificar que el sistema político impuesto no solo es compatible con la libertad en sentido amplio reclamada en la Revolución Francesa, sino que sólo en ese Estado - prusiano- es posible hablar de libertad. El Estado Prusiano es portador del testimonio de Egipto, Grecia y Roma, es el resultado y el fin que perseguía toda la historia.

El mismo Estado que impidió que Marx fuera catedrático y que lo expulsó junto con muchos a peregrinar por Europa, es la obra culmine de la civilización, el espíritu absoluto de la Historia.

Por ello cuesta entender el uso, y posteriormente, el abuso de la filosofía Hegeliana en Marx. ¿Acaso Marx consideraba el pensamiento Hegeliano independiente de los propósitos políticos con que ellos fueron elaborados y pregonados?, ¿Se podía separar a Hegel de su pensamiento y a su pensamiento de su Praxis?. Desde luego que Marx no responde esta pregunta, su formación filosófica fue hegeliana y su profunda admiración inicial de Feuerbach, un revisionista de Hegel, le permite crear en su cabeza un Hegel propio en que la filosofía ya no es más el arte de la justificación del statu quo sino la metodología de su transformación. Pero esa afirmación categórica constrasta con el escaso aporte de la filosofía al cambio social en el transcurso de la historia de la humanidad. La sociedad al cambiar lo hace recurriendo a las primeras consignas que aparecen y al primer panfleto que tengan disponible. La dialéctica de la transformación no solamente es irrelevante de explicar en los momentos de la transformación, y sería esotérica en una sociedad tradicionalista que se ha mantenido estable por cientos de años. ¿Para quién va dirigida entonces esa prédica? ¿Los trabajadores que observan las dramáticas transformaciones en su sistema de vida y trabajo requieren que se les insista majaderamente de que es posible aquello que vivencian?

Desde luego que ese refinamiento tiene la finalidad de convencer a los intelectuales de su época. Debe hacerse entender en su comunidad intelectual. Hegel es el Teólogo1 y Feuerbach, uno de los tantos ideólogos que surgen a su sombra. Marx, en un principio es el iconoclasta y luego de haber borrado de un plumazo la filosofía anterior a él, la resucita con la finalidad de hacer posible la revolución en Europa.

Dicha finalidad es para Marx más importante que su coherencia intelectual. Para que los humanos se liberen de yugo deben primero organizarse, y para organizarse es preciso tener presente la concepción de mundo, la ideología de las clases dominantes que al ser hegemónica, es la ideología de la sociedad, y desde luego el sentido común.

Marx estudia filosofía Hegeliana y renuncia a utilizarla, luego la emplea y no es para capitalizar con esos conceptos improductivos en su cerebro. Debe hablarle en su idioma, a su época, para cumplir con la finalidad que el mismo había afirmado: Transformar al mundo, no explicarlo.

"El hecho de que la dialéctica sufra en manos de Hegel una mistificación no obsta para que haya sido él quien primero supiera exponer de un modo amplio y consciente sus formas generales de movimiento. Lo que ocurre es que la dialéctica aparece en él invertida, puesta de cabeza. No hay más que darle la vuelta, mejor dicho, ponerla de pie, y en seguida se descubre bajo la corteza mística la semilla racional. La dialéctica mistificada llegó a ponerse de moda en Alemania, porque parecía transfigurar lo existente. Pero en su forma racional provoca la cólera de la burguesía."

El Capital, Prólogo a la segunda edición.

Del mismo modo la Crítica que realiza a la Economía Política parece alevosa al día de hoy. No solamente se preocupa de denunciar al capitalismo como el responsable de la miseria en el mundo lo que es precisamente lo opuesto a lo que afirman los economistas clásicos. Sino que pretende que esa denuncia sea, en un primer momento, científica y luego, esa crítica adicionada a la filosofía Hegeliana made in Marx, sea entendida como “la ciencia”.

De este modo Marx se transforma en el mayor crítico del sistema capitalista y dediéndole a los administradores del sistema un amplio tratado de medicina sobre él. El exceso de Marx en este punto no es un enigma ya que al mismo tiempo como él le hablaba a los de su época, también él era un hombre de su época.

Sus furibundas críticas a los socialistas contemporáneos, a los cuales denomina utópicos, lo sitúa dentro de la camisa de once varas de fundar un socialismo científico. Muy fiel a su época el cree posible, un socialismo científico, y entiende a la ciencia de su época capaz de resolver cualquier dilema que se proponga. No cabe duda que en esa tarea sí fracasó Marx, aún peor, ese intento frustrado fue la antesala de todo el simplismo de la teoría marxista posterior salvo honrosas excepciones.

La Dialéctica Marxista, fundamentada materialmente en la crítica a la economía clásica, no deja de ser en todo momento una mera metodología. Transformar el mundo se reduce más que a una lucha política, a una intelectualidad; se debe aplicar esta metodología para comprender el cambio. No se recaba en que lo importante es el cambio mismo y el contenido de ese cambio. Aún peor, al ser una metodología universal, puede ser utilizada tanto para finalidades conservadoras, reformistas o revolucionarias.

Este es el momento en que el pensamiento de Izquierda se fractura, y queda el hombre desplazado de la contingencia por los conceptos. Aquí surge el maximalismo, que cree que la revolución llegará sola y sólo hay que enfriar la champagne para esperarla. Aquí surge la izquierda dogmática, disciplinada y fascista. Aquí surge la izquierda religiosa, dedicada a venerar a los santos caídos.

Del mismo modo que los protestantes criticaban a los católicos que su Iglesia dejó de ser una disciplina cristiana, que intenta pensar y actuar como cristo, para transformarse en una industria de administración de ritos y producción de ídolos; los socialismos reales mostraron de qué modo el loable fin de transformar a la humanidad se convertía en una industria del control, una producción de ídolos e idólatras, recitadores de textos metafísicos considerados revolucionarios, materialistas y científicos por decreto.

De este modo Marx se transforma en alguien que no habría avizorado ni en su peor pesadilla: Marx se transforma en Ideólogo. Sus esfuerzos obsesivos por ser recordado como un científico perecen cuando su monumental obra cae en mano de los bárbaros preocupados de que el prestigio de Marx valide sus acciones políticas.

Desde luego que la filosofía de la praxis de Marx, es mucho más compleja y rica de lo que fue recepcionada, incluso por su camarada Engels2, posteriormente. Pero es necesario tener presente el contexto del cual surge puesto que él relativiza los esfuerzos de ortodoxia de algunos que intentan, aún hoy, resucitar al viejo Hegel para reinterpretar y releer a Marx. Sin duda esos esfuerzos son loables cuando la filosofía es solo exégesis y glosa; pero cuando al que intentan emular fue el primero en concederle una finalidad al pensamiento - se piensa para cambiar - es pertinente preguntarse qué parte del pensar para cambiar no entendieron.

Somos esclavos de nuestras palabras y nuestras ideas son un engendro creada por el Dr. Frankestein. Por eso es importante hablar lo menos posible, escribir lo menos y más sintéticamente posible, y más aún, tener la humildad de reconocer que sólo combinamos palabras y nada más que eso.

1 Nietzsche le llamaba es el gran idiota Alemán, y además agregó: “Basta con decir: "Seminario de Tubinga", para saber lo que es la filosofía alemana: una teología en trasfondo de astucia”. (El Anticristo, I, 10.) Esto lo decía en alusión a los estudios de Teología en el Seminario de Tubinga y en el cual Hegel se interesó por la Filosofía. Se debe señalar que según Nietzche, Marx también era un idiota Alemán, pero llama la atención que el adjetivo de teólogo hacia Hegel lo comparten.

2 La superficialidad y el determinismo de Engels en “La lucha de Clases en Inglaterra”, es un ejemplo de lo repudiable del Marxismo no es solamente una conspiración capitalista. Que Fukuyama pudiera anunciar el “Fin de la Historia” está directamente relacionado con el añejo determinismo finisecular en que se transformó la filosofía de la praxis Marxista. Sus discipulos transformaron a Marx en un ideólogo, pero él también puso de su parte al incorporar el lastre de Hegel a su filosofía nueva y renovadora.

1 comentarios:

Von Pathoven dijo...

Bueno, empiece querido amigo, por esas honrosas excepciones, y hable también de su utilización con finalidades revolucionarias y concédale esa finalidad de cambio al pensamiento, para que nos explique qué parte del pensar para cambiar no acabamos de entender. Y para que no parezca un disco (duro) rayado esto de que “la izquierda”, así sin matices, se convierta “en una industria del control, una producción de ídolos e idólatras, recitadores de textos metafísicos considerados revolucionarios, bárbaros preocupados de...etc. etc., y no se vuelva esa insistencia, ya no tan levemente, en un rasgo también ideológico. Porque no creo haya imparcialidad, menos ideológica, cuando leemos estos calificativos; más aún en relación a etapas que cualquier pensador tiene en su vida : "consignas y panfletos"; "crítica alevosa"; "exceso de Marx"; "furibundos críticos". Vuelvo a insistir: esa izquierda conversa, objeto de sus críticas, no es el referente apropiado para crear y recrear esa izquierda socialista consecuente y revolucionaria ; la posible y quizá única alternativa que nos queda, por lo menos en una primera etapa, no ya ni siquiera para tranformar sino PARAR la debacle depredadora del Capitalismo.
Además, Nietzsche también se acomoda a sus epígonos ¡ y cómo ¡ en estos tiempos de desarme y reconstrucción del proyecto político de la Ilustración.

¿ No se le olvidó poner patas arriba la estatua de carlitos ?

Ps. Ya le tenía una Kartika larga, larga larga para su anterior post , pero como mi Frankestein interior me puede picar la punta de la lengua, se la reduje lo más posible.

saludos

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