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martes, 24 de marzo de 2009
Cientificismo, Dogmatismo e Ideología Marxista.


«El marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la Humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés» (V. I. LENIN. Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo).

Las críticas profundas a Marx pueden sintetizarse en dos:

1º En un primer momento acoge muy en serio la filosofía nacionalista Alemana.

2º En un segundo momento, acoge muy en serio la economía política Inglesa.

Las reflexiones de Marx comienzan en un fluido humanismo y van transformándose paulatinamente hasta llegar a categóricas afirmaciones en las cuales el ser humano, se pierde en los sistemas filosóficos y económicos empleados. Engels lo explica, había que hacerlo ya que el cambio social y la fragilidad de la economía política eran cuestiones invisibilizadas, ellos se vieron obligados a hacer hincapié en estas dos cuestiones obvias y para ello utilizaron los sistemas de pensamiento incuestionados en su época: La Filosofía Hegeliana y la Economía Política Inglesa, en especial la de David Ricardo.

No se debe confundir la Filosofía Hegeliana con la Filosofía de Hegel. Hegel pasa de ser una víctima de Napoleón a un fervoroso esbirro del imperio Prusiano. Su obra es monumental ya que intenta justificar que el sistema político impuesto no solo es compatible con la libertad en sentido amplio reclamada en la Revolución Francesa, sino que sólo en ese Estado - prusiano- es posible hablar de libertad. El Estado Prusiano es portador del testimonio de Egipto, Grecia y Roma, es el resultado y el fin que perseguía toda la historia.

El mismo Estado que impidió que Marx fuera catedrático y que lo expulsó junto con muchos a peregrinar por Europa, es la obra culmine de la civilización, el espíritu absoluto de la Historia.

Por ello cuesta entender el uso, y posteriormente, el abuso de la filosofía Hegeliana en Marx. ¿Acaso Marx consideraba el pensamiento Hegeliano independiente de los propósitos políticos con que ellos fueron elaborados y pregonados?, ¿Se podía separar a Hegel de su pensamiento y a su pensamiento de su Praxis?. Desde luego que Marx no responde esta pregunta, su formación filosófica fue hegeliana y su profunda admiración inicial de Feuerbach, un revisionista de Hegel, le permite crear en su cabeza un Hegel propio en que la filosofía ya no es más el arte de la justificación del statu quo sino la metodología de su transformación. Pero esa afirmación categórica constrasta con el escaso aporte de la filosofía al cambio social en el transcurso de la historia de la humanidad. La sociedad al cambiar lo hace recurriendo a las primeras consignas que aparecen y al primer panfleto que tengan disponible. La dialéctica de la transformación no solamente es irrelevante de explicar en los momentos de la transformación, y sería esotérica en una sociedad tradicionalista que se ha mantenido estable por cientos de años. ¿Para quién va dirigida entonces esa prédica? ¿Los trabajadores que observan las dramáticas transformaciones en su sistema de vida y trabajo requieren que se les insista majaderamente de que es posible aquello que vivencian?

Desde luego que ese refinamiento tiene la finalidad de convencer a los intelectuales de su época. Debe hacerse entender en su comunidad intelectual. Hegel es el Teólogo1 y Feuerbach, uno de los tantos ideólogos que surgen a su sombra. Marx, en un principio es el iconoclasta y luego de haber borrado de un plumazo la filosofía anterior a él, la resucita con la finalidad de hacer posible la revolución en Europa.

Dicha finalidad es para Marx más importante que su coherencia intelectual. Para que los humanos se liberen de yugo deben primero organizarse, y para organizarse es preciso tener presente la concepción de mundo, la ideología de las clases dominantes que al ser hegemónica, es la ideología de la sociedad, y desde luego el sentido común.

Marx estudia filosofía Hegeliana y renuncia a utilizarla, luego la emplea y no es para capitalizar con esos conceptos improductivos en su cerebro. Debe hablarle en su idioma, a su época, para cumplir con la finalidad que el mismo había afirmado: Transformar al mundo, no explicarlo.

"El hecho de que la dialéctica sufra en manos de Hegel una mistificación no obsta para que haya sido él quien primero supiera exponer de un modo amplio y consciente sus formas generales de movimiento. Lo que ocurre es que la dialéctica aparece en él invertida, puesta de cabeza. No hay más que darle la vuelta, mejor dicho, ponerla de pie, y en seguida se descubre bajo la corteza mística la semilla racional. La dialéctica mistificada llegó a ponerse de moda en Alemania, porque parecía transfigurar lo existente. Pero en su forma racional provoca la cólera de la burguesía."

El Capital, Prólogo a la segunda edición.

Del mismo modo la Crítica que realiza a la Economía Política parece alevosa al día de hoy. No solamente se preocupa de denunciar al capitalismo como el responsable de la miseria en el mundo lo que es precisamente lo opuesto a lo que afirman los economistas clásicos. Sino que pretende que esa denuncia sea, en un primer momento, científica y luego, esa crítica adicionada a la filosofía Hegeliana made in Marx, sea entendida como “la ciencia”.

De este modo Marx se transforma en el mayor crítico del sistema capitalista y dediéndole a los administradores del sistema un amplio tratado de medicina sobre él. El exceso de Marx en este punto no es un enigma ya que al mismo tiempo como él le hablaba a los de su época, también él era un hombre de su época.

Sus furibundas críticas a los socialistas contemporáneos, a los cuales denomina utópicos, lo sitúa dentro de la camisa de once varas de fundar un socialismo científico. Muy fiel a su época el cree posible, un socialismo científico, y entiende a la ciencia de su época capaz de resolver cualquier dilema que se proponga. No cabe duda que en esa tarea sí fracasó Marx, aún peor, ese intento frustrado fue la antesala de todo el simplismo de la teoría marxista posterior salvo honrosas excepciones.

La Dialéctica Marxista, fundamentada materialmente en la crítica a la economía clásica, no deja de ser en todo momento una mera metodología. Transformar el mundo se reduce más que a una lucha política, a una intelectualidad; se debe aplicar esta metodología para comprender el cambio. No se recaba en que lo importante es el cambio mismo y el contenido de ese cambio. Aún peor, al ser una metodología universal, puede ser utilizada tanto para finalidades conservadoras, reformistas o revolucionarias.

Este es el momento en que el pensamiento de Izquierda se fractura, y queda el hombre desplazado de la contingencia por los conceptos. Aquí surge el maximalismo, que cree que la revolución llegará sola y sólo hay que enfriar la champagne para esperarla. Aquí surge la izquierda dogmática, disciplinada y fascista. Aquí surge la izquierda religiosa, dedicada a venerar a los santos caídos.

Del mismo modo que los protestantes criticaban a los católicos que su Iglesia dejó de ser una disciplina cristiana, que intenta pensar y actuar como cristo, para transformarse en una industria de administración de ritos y producción de ídolos; los socialismos reales mostraron de qué modo el loable fin de transformar a la humanidad se convertía en una industria del control, una producción de ídolos e idólatras, recitadores de textos metafísicos considerados revolucionarios, materialistas y científicos por decreto.

De este modo Marx se transforma en alguien que no habría avizorado ni en su peor pesadilla: Marx se transforma en Ideólogo. Sus esfuerzos obsesivos por ser recordado como un científico perecen cuando su monumental obra cae en mano de los bárbaros preocupados de que el prestigio de Marx valide sus acciones políticas.

Desde luego que la filosofía de la praxis de Marx, es mucho más compleja y rica de lo que fue recepcionada, incluso por su camarada Engels2, posteriormente. Pero es necesario tener presente el contexto del cual surge puesto que él relativiza los esfuerzos de ortodoxia de algunos que intentan, aún hoy, resucitar al viejo Hegel para reinterpretar y releer a Marx. Sin duda esos esfuerzos son loables cuando la filosofía es solo exégesis y glosa; pero cuando al que intentan emular fue el primero en concederle una finalidad al pensamiento - se piensa para cambiar - es pertinente preguntarse qué parte del pensar para cambiar no entendieron.

Somos esclavos de nuestras palabras y nuestras ideas son un engendro creada por el Dr. Frankestein. Por eso es importante hablar lo menos posible, escribir lo menos y más sintéticamente posible, y más aún, tener la humildad de reconocer que sólo combinamos palabras y nada más que eso.

1 Nietzsche le llamaba es el gran idiota Alemán, y además agregó: “Basta con decir: "Seminario de Tubinga", para saber lo que es la filosofía alemana: una teología en trasfondo de astucia”. (El Anticristo, I, 10.) Esto lo decía en alusión a los estudios de Teología en el Seminario de Tubinga y en el cual Hegel se interesó por la Filosofía. Se debe señalar que según Nietzche, Marx también era un idiota Alemán, pero llama la atención que el adjetivo de teólogo hacia Hegel lo comparten.

2 La superficialidad y el determinismo de Engels en “La lucha de Clases en Inglaterra”, es un ejemplo de lo repudiable del Marxismo no es solamente una conspiración capitalista. Que Fukuyama pudiera anunciar el “Fin de la Historia” está directamente relacionado con el añejo determinismo finisecular en que se transformó la filosofía de la praxis Marxista. Sus discipulos transformaron a Marx en un ideólogo, pero él también puso de su parte al incorporar el lastre de Hegel a su filosofía nueva y renovadora.

viernes, 20 de marzo de 2009

Más allá del esencialismo.



La ciencia mecanicista explica todo lo existente menos el principio de lo existente, el origen de la civilización. Podrían tener razón autores que intentan superar ese marco teórico interpretando mecanicistamente la cultura como Luhmann, Freud o el conductismo, para quienes el hombre es tan sólo su historia; el sistema produciría a individuos funcionales, pues es el sistema el que se recrea en cada nuevo individuo. Esto explica todo, menos el cambio, por ende tampoco explica el origen.

Desde un naturalismo mecanicista el hombre sería un autómata, actúa según la influencia de su química corporal, la cual a su vez está programada genéticamente. Esta visión podemos mejorarla incluyendo lo cultural, en un sentido más complejo que el de los autores antes señalados, con lo cual nos enfrentaríamos a un hombre dual, similar a la de los ordenadores actuales, una fusión entre hardware y software. Pero esta visión es estrecha e incapaz de explicar dos cuestiones capitales: la primera es que, a diferencia de los ordenadores, el hardware produce el software y también, aunque no nos parezca así a simple vista, el software también produce o reproduce el hardware; la segunda cuestión es que la articulación hardware y software no explica el cambio, por ende tampoco el origen, salvo como un algo programado o como un error, lo cual también sería un asunto de diseño.

Es una visión típicamente occidental el enfocar la mirada en el individuo, incluso más allá del proceso de individuación moderno. Esto sería un individualismo epistemológico que de algún modo construye un sistema de conocimiento de acuerdo tales cánones sin que dichos cánones sean conclusiones científicas. Debido a ese sesgo al hombre se lo ha querido entender “libre”, tanto de la naturaleza extra humana como de sus congéneres. Esta visión ilustrada considera al hombre “libre” para salvarlo de las fauces del determinismo mecanicista. Kant crea la respuesta idónea, querida y necesitada por sus contemporáneos y por los gobernantes posteriores hasta hoy; pues es la justificación de un sistema político cultural estoico en un momento en que los conocimientos acumulados rebasaban el continente ideológico. Kant sentencia que el hombre es libre, y que está más allá de la naturaleza porque somos categoría, el que piensa, el que mira; dicha libertad difiere en gran medida a la que propone un siglo y fracción después Kelsen, utilizando la misma metodología crítica idealista, pues la despoja de su moral estoica dejándola tan sólo en la formalidad de posibilitar la imputación: Somos libres pues podemos conducirnos, o no, de acuerdo a un precepto, aunque dicho precepto sea una amenaza. Esto no lo hacen los animales que tan sólo pueden ser domesticados mediante los básicos estímulos placer y dolor, pues el hombre, tal cual lo enfatizaba antes Nietzche, es un ser esencialmente perverso pues elige aquello que le hace daño y renuncia a lo que le da placer. Los animales serían utilitaristas, quizá la naturaleza toda lo sea; menos el hombre pues no se gobierna necesariamente por los instintos básicos y su sistema cultural depende de una innovación anterior al software, o de un software básico integrante del lenguaje, la capacidad de motivar su conducta de acuerdo a preceptos.

Esto último pone en crisis tanto la base del pensamiento de Freud, Hobbes o Carl Schmitt, para citar sólo a algunos; el hombres no es esencialmente malo. Y también la tesis de aquellos que sostienen lo contrario con las distintas versiones del buen salvaje. Subsiste, empero, la visión de Montaigne: Los salvajes no son ni buenos ni malos, ni nosotros mejores (o peores) que ellos. Por lo tanto la civilización ni depende de la maldad desarrollada del hombre, ni de su bondad reprimida. Estas visiones son aprioris, lo ficciones en el sentido de Jeremy Bentham, creadas para entender la realidad, que al impedir precísamente aquello sólo cumplen la función de que aceptemos una doctrina anti científica.

La libertad de Kelsen carece de sentido y de contenido, pues es la radicalización de la libertad de Kant, emancipada del imperativo categórico. Dicha libertad es el presupuesto de la humanidad, incluso anterior a cualquiera civilización. Pero se trata de una libertad no libre en el sentido que, del mismo modo que el hombre puede optar resistir un mandato, el sistema funciona por ser excepcional esta resistencia; el sistema produce individuos funcionales por lo cual las “elecciones” de los individuos carecen de esa libertad entendida como la carencia de determinación o no la ejercen por regla general. Por lo tanto no debemos confundir ese pequeño margen de maniobra con la libertad y esto no porque adhiramos a un nuevo esencialismo sino por lo que paso a explicar a continuación:

El único modo de comprender el cambio, y por ende el origen, es mediante un concepto de libertad, como libre de determinación y creadora al mismo tiempo; una libertad en la creación y recreación del mundo mucho más allá de lo estrictamente humano sino que presente en la naturaleza toda.

Un animal marino comenzó a hacer habitual su presencia en las playas, mucho antes, eones antes, que un simio bajara del árbol; que quede claro, que decidió bajar de un árbol, otro ente biológico decidió salir del mar y establecerse en la tierra firme. Esta decisión, que Darwin llama procesos de adaptación, no se encuentran impresos en nuestros genes salvo en tanto como mero procedimiento; pues cada ente biológico que actúa con independencia de su determinación genética y cultural, determinada esta última para los seres básicos también por su genética, crea y recrea a la vida de acuerdo a su voluntad. Este acto por sí sólo no produce nada, pero sin estos actos la tierra no sería nada más que minerales.

La libertad por lo tanto es algo mucho mayor a lo que creían los ideologos ilustrados pues es el fundamento de la vida; no está más allá de la naturaleza sino que es inherente a la biósfera. Es nuestro punto de contacto no sólo con los demás seres humanos sino que con la naturaleza.

El hombre no sólo es libre, por tanto, de crear y recrear este sistema, sino que además de crear el que quiera e incluso crear al hombre o al ser superior que se proponga. La diferencia entre obtener lo uno o lo otro difiere en que para cambiar el sistema cultural requerimos unas cuantas generaciones y para lo otro decenas de miles de años por cada mutación genética. Esto ha sido siempre así, a voluntad, es lo que explica tanto la humanidad como la naturaleza de la cual somos parte. Libertad y vida se confunden.

lunes, 2 de marzo de 2009

Una Crítica a la Ideología Alemana y también a su Filosofía.




El aporte de la filosofía alemana ha consistido en el vano intento de hacer coherente al hombre en tanto animal y en tanto miembro disciplinado en un sistema cultural específico, con una definición a priori del ser humano en tanto inherentemente libre.

No caben dudas acerca de la enorme influencia que han ejercido estos pensadores desde Goethe hasta Kurtz, y muchos pondrán el grito en el cielo por mi actitud desafiante de tratar indiferenciadamente a autores tan disímiles como Nietzche o Kant, pero no se trata de un alegato academicista, de una nueva relectura ingeniosa de los clásicos o de un infantil modo de capturar la atención de algún adolescente; es mi modo de contribuir a la construcción de una alternativa política, una que se emancipe de las taras del pasado, las cuales incluyen las teologías de distintos profetas como la de Hegel, sino que también la de Carlos Marx que incluso hoy sustenta fervientes feligreses que lo veneran en tanto pensamiento científico.

Hasta ahora había tratado de defender a Marx en tanto pensador válido e indispensable para la construcción de una teoría política de transformación de la civilización interpretandolo en el siguiente sentido: Toda estupidez proferida por Marx debía omitirse, jamás interpretarse exegéticamente como proponen algunos sacerdotes iluminándo sus textos con el tenebroso candil hegeliano, pues lo relevante del marxismo no es lo que dijo sino la razón por cual lo dijo. Olvídate de lo que dijo Marx, era mi planteamiento, piensa y actúa como Marx lo haría si estuviera vivo. Pero mi excepcional modelo interpretativo no alcanza ni siquiera a constituir una tendencia y si lo hiciera todavía me encontraría con el gran problema que si existiera Marx viviría en Cuba plácidamente (siempre y cuando no se lo haya tronado como anti fidelista). Tratar de autorizar mis fragmentados y modestos argumentos contribuye tanto a la beatería como a la demonología; decir “yo pienso” siempre será más arriesgado pero dudo que haya otro modo de ser honesto.

Es que Marx dijo que había que cambiar la realidad en vez que interpretarla, lo que se podría entender como el hacer ambas en simultáneo. Pero la interpretación de la realidad marxista pertenece a la especie más deleznable de la filosofía, el idealismo germánico que él mismo criticaba considerándolo teología; sus virulentas críticas a sus contemporáneos, por otra parte, ha producido un oscurantismo que ha sumido a la izquierda en una nueva escolástica. Marx estaba equivocado en cada una de sus tesis propias, así lo ha mostrado uno de sus principales detractores, la historia; pero sus argumentos bastaron para relegar al olvido a muchos pensadores y para sellar los caminos a múltiples desarrollos teóricos posibles. Su socialismo científico era tan sólo una mezcla entre una crítica al sistema capitalista, sin proponer un sistema económico que sostuviera la economía industrial, y un alegato redencional típicamente alemán basado en una moral estoica mediada por Kant y hablada por Hegel.

El soliloquio germano al ser tan extenso y complejo consigue ser autorizado de inmediato por aquellos pensadores burocráticos, preocupados por encontrar una excusa al pensamiento más que enfrentarse a la inconmensurabilidad de la ignorancia del ser humano e intentar trascenderla. Esto sucede así porque cada pensador germánico pretende construir un sistema nuevo en que quede todo explicado; por todo debemos entender aquello que dan por explicado sus contemporáneos recurriendo a su maestro respectivo. La vision mecanicista determinista no les basta pero no les desagrada por lo tanto le añaden al ser humano un origen mítico, una naturaleza moral o un destino. Esto zanja el asunto sin ponerlo en discusión. Cada uno de estos elementos significa al hombre de un modo distinto pero todos concuerdan en que el hombre no es un producto biológico cultural, por ende histórico, sino que esencial, meta social, metafísico. La libertad y la igualdad no son para Marx dignos anhelos del hombre moderno capaces de reivindicarse gracias a la exuberante productividad económica del sistema capitalista, sino que elementos esenciales de la humanidad que la lucha de clases suprime, que por tanto, al suprimir la lucha de clases reconciliaríamos al hombre con su esencia. El hombre así definido no es muy distinto al de los cristianos y es común a la filosofía alemana la cual sólo excepcionalmente difiere, aunque, claro está, para darle otra naturaleza a priori, metafísica, al ser humano.

La historia comienza con un grupo de intelectuales que pretendían henchir sus pulmones más allá de los límites de sus cajas toraxicas. Se sentían como dioses atrofiados, confinados a vivir y padecer en pequeñas aldeas mientras sus vecinos se erigían como estados. De la promiscuidad e inmediatez de la vida doméstica surgió esa lúdica complicación conceptual la cual no se satisfacía en los monasterios por ser mayoritariamente protestantes. El clima frío, los espesos bosques, la lejanía de la santa sede y la carencia de cortes cosmopolitas que permitieran hacer gala de su refinamiento cultural redundó en que se institucionalizara el deporte de la metafísica. La mala idea de la primera generación romántica de inventar una nación consistía en construir una cultura propia; ello exigió no sólo que se reinventara el pasado sino que desde él se interpretara el presente y proyectara el futuro.

Durante el siglo XIX se expresó la misma táctica y estrategia bélica del siglo XX e inspirada en la misma ideología, es decir Lebensraum + Blitzkrieg (Guerra rápida de conquista y anexión con el fin de adquirir el espacio que los alemanes sentían que se merecían) Y así como Hegel se le ocurrió un día inventar la filosofía otro se le ocurrió a Marx que el pueblo elegido no eran los israelitas, ni los alemanes como creían sus contemporáneos, sino que los proletarios industriales de ciertos estados comandados por profetas alemanes. Y diligentemente sus apóstoles se dedicaron a divulgar las buenas nuevas emprendiendo una guerra a muerte contra todos los herejes, principalmente sobre los pensadores eslavos, pero también en contra de aquellos que suscribían ideas británicas como las de Owen o francesas como las de Prouhdon. Al igual que en el siglo XX sólo atacaron a los franceses e ingleses alevosamente, es decir, sobre seguro, una vez que habían disciplinado a los inferiores; los primeros golpes fueron dados hacia el este, en contra de los subdesarrollados, en donde irónicamente sus ideas regirían absolutamente por más de ochenta años.

Para principios del siglo XX el pensamiento alemán campeaba en todos aquellos lugares en que no habían sido capaces de crear un pensamiento propio antes del siglo XIX y sus idealizaciones comenzaron a determinar la estructuración de los estados modernos “inventados” por los procesos de independencia forzados, tanto en Europa como América, por las guerras napoleónicas, y por los procesos de descolonización del siglo XX. Nociones como Folclore o Estado de Derecho se universalizaron del mismo modo que de contrabando se incorporaban otras como esas ideas típicamente germanas de que la única manera de realizar la libertad es mediante un Estado y que el ser humano ha sufrido una grave afectación en el pasado que es posible remediar por medio de la acción racional de modo de reconciliarlo con él mismo. Todas fundamentadas en el neo estoicismo kantiano con su dogma que existe una moral universal, inherente al hombre, la cual es posible conocer por medio de la razón.

Estos más que ser tópicos recurrentes de la filosofía alemana son sus axiomas. La excepcionalidad según muchos se encuentra en el supuesto materialismo marxista y en el idealismo antiromántico nietzcheano.

Pero esto sería así tan sólo aparentemente. Para Marx el hombre vivía en un mundo pre social en que regía un matriarcado y un comunismo primitivo pero que no se correspondía con la naturaleza del hombre. Toda la historiografía conocida ha sido un valle de lágrimas que el ser humano necesariamente debe transitar hasta redimirse. La historia no es un motor que se alimenta con las contradicciones sino que una trayectoria necesaria compuesta por estaciones. La dialéctica se deduce de una historia humana ya conocida por Marx y a la cual accedió por la única vía posible de conocer detalladamente lo meta empírico, es decir, mediante la revelación. O bien una meditación trascendental lo condujo a la epifanía o tal visión no era más que una reordenación ingeniosa del acervo metafísico que decía estar criticando. Mientras se mofa de la lógica hegeliana por ser vacía, del mismo modo que la moral kantiana es meramente formal, las dota a ambas de contenido creando un evangelio moderno que niega transitoriamente el universalismo católico cristiano profetizando que será restaurado una vez que la historia haga lo suyo. Los hombres son iguales unos de otros, pero no lo son en el Estado sino que en la mera formalidad; el hombre se emancipa en el momento que se reencuentra con su naturaleza organizándose políticosocialmente de una forma adecuada.

Para Nietzche la tragedia del hombre ha sido precisamente esta noción redencional cristiana. La igualdad original corporativa de la cual se compadecen los románticos germánicos, que se ha perdido en la antigua Atenas, es una mistificación carente de sentido pues el hombre se había perdido a sí mismo mucho antes. El origen de la tragedia estaría en Sócrates, en su visión absurda que existiría una realidad ideal a la cual deberíamos regirnos. El hombre perdió su capacidad de gobernarse a sí mismo - y en eso no podemos estar en desacuerdo con el célebre sifilítico - pero eso es contrario a su naturaleza, y ahí tenemos de vuelta la monserga mistificante y naturalizadora del hombre. Por más que Nietzche sea el mayor crítico y desmitificador de la filosofía alemana su empeño en polemizar dentro de su cultura lo hace cautivo de su lenguaje, y al parecer de sus axiomas. Las religiones universalistas son la expresión palmaria de la decadencia del hombre, pero el decaer (o progresar) supone un sistema valorativo meta histórico; el hombre estaba más cerca de Dios en un pasado idílico y si supera la hipocresía de las religiones, que en vez que contenerlo sólo lo limitan, podrá desatar toda la potencia contenida convirtiéndose en su propio Dios. Pero ¿Porqué sería mejor este hombre libre, desatado, al punto de ser arbitrario y déspota, que el diligente y sumiso hombre de familia? Porque el hombre libre, metafísicamente hablando, es un axioma de la filosofía moderna pero en específico de la alemana; la crítica nunca alcanzaría los axiomas sólo los argumentos anteriores construidos al alero de ellos.

Pero esta forma de razonar no es adjudicable a tan sólo una visión de mundo - para utilizar un concepto alemán - típicamente finisecular. Los alemanes perseveraron durante el siglo XX en la creación de nuevos banquetes utilizando los mismos ingredientes. La idea kantiana de conciliar el determinismo animal y la libertad, que definiría al hombre, y la idea conservadora del paraíso perdido, nostalgia de aquello que nunca existió, vuelve en Freud y Erich Fromm, el hombre nace libre y la sociedad lo reprime, lo que el lenguaje separó el lenguaje une; y el neo marxismo de Fráncfort insiste al igual que el neo neo de Krisis, en la monserga germánica de un hombre disgregado, esquizoide, enfrentado así mismo, posible de reconciliar. Al igual que Marx se reviste el idealismo moral y la nostalgia romántica de un materialismo que lo exime de rendir cuentas en algún tribunal metafísico. Si el hombre debe transformar su sistema social para ser hombre a cabalidad quiere decir que la idea de hombre trasciende la historia y todo aquello que conocemos por humanidad.

El hombre debe ser porque de algún modo es. El intento de falsificar una noción de hombre para justificar un determinado programa político ha sido la mayor la contribución de la filosofía alemana a la historia de la modernidad. Si somos animales que compartimos un acervo genético, que se nos ha impreso una cultura, y en la vida lidiamos entre rebelarnos y conformarnos a ella, no existe un hombre que sea, más o menos hombre, de lo que somos nosotros en este preciso momento. Y para comparar moralmente a los distintos sistemas culturales, que es lo que haría diferentes a los hombres, exigiría que contáramos con un punto de valoración del cual carecemos. La desesperación por poseer alguno ha llevado a que los metafísicos inventen el suyo para, o bien justificar el statu quo o la transformación política interesada. Esto olvida que la política no debe porqué fundamentarse en una idea trascendente pues bien puede ser un acuerdo entre algunos hombres en pos de materializar sus anhelos, sus razonamientos y hasta su mera voluntad caprichosa de imponerse, resistirse o conformarse. En síntesis, naturalizar al hombre es considerar su cambio o conservación como una necesidad lo que impide su desarrollo en tanto voluntad y proyecto; existen varios modos de naturalizar al hombre, por ejemplo la socrática, y la de Marx es otra aunque con luces de neón se escriba lo contrario.

Es y ha sido una peligrosa idea el que encontraremos la medicina frente a la hipocondría resolviendo la sensación de vacío que experimenta el hombre intelectualmente inquieto al contemplar la inconmensurabilidad de nuestra ignorancia. La ansiedad por restringir la búsqueda del conocimiento sentenciando respuestas no sólo es una típica actitud de ideólogos o de propagandistas, sino que es una vocación que ha asumido la filosofía en general y la alemana en particular, con Carlitos Marx de mascarón de proa.

lunes, 26 de enero de 2009







La libertad es una idea típicamente civilizada, pero la civilización es la negación misma a la libertad. La libertad no impera pues la civilización es el imperio de unos pocos sobre otros muchos por lo cual el capricho de los gobernantes, limitado por la sustentabilidad del sistema artificialmente creado, y hasta de la naturaleza misma, es lo que rige a todos incluyendo a los gobernantes. La libertad no pasa de ser una quimera sólo posible de lucubrar dentro de un sistema opresivo. Si la libertad impera la idea de libertad sería impensable.

Pero la humanidad precivilizada tampoco es un referente a la libertad que llega a concebir el hombre contemporáneo víctima de una abstracta opresión. Para quienes viven modalidades de dominio vivificadas mediante tormentos cotidianos manejan una noción de libertad elemental la cual queda satisfecha con el cese de los latigazos. Los inmigrantes que provienen de lugares en que la guerra o la economía, o la economía de guerra, configuran un sistema en que la dominación implica dolor, hambre y muerte, nos muestran con su acrítica adaptación a nuestros pacificados sistemas que la opresión de nosotros les basta y sobra para satisfacer sus básicas expectativas de libertad. Sin embargo para quienes la libertad civilizada es la norma, es posible distinguir aquella opresión abstracta que episódicamente se torna en un evidente fascismo que luego es identificado con el nombre de algún culpable: Algún Hitler, Pinochet o Bush.

La libertad civilizada en la cual discurrimos los sujetos afortunados de nuestra sociedad es comparable al paraíso para los desafortunados. Para la gran mayoría de los seres humanos el contexto cultural en que han sido formados se equipara al hábitat de los animales es decir, a una condición necesaria y a la vez suficiente para la existencia. Sin embargo lo que permite hacer una distinción entre humanos y animales se encuentra precisamente en que el ser humano es capaz de prescindir de un hábitat construyendo sistemas sociales complejos capaces de hacer posible la susbsistencia en cualquier medio ambiente. Los sistemas culturales por lo tanto no son hábitat pero la noción de la plasticidad de los sistemas sociales le es ajena a la mayoría de los seres humanos lo que les fuerza a defender al propio tal cual como un león lo haría con su territorio de caza, es decir su hábitat. Lo cultural se torna en natural y por lo tanto inmutable de acuerdo a los parámetros del tiempo humano. Las aspiraciones se construyen de acuerdo a las reglas que provee el propio sistema y por lo tanto sólo le es posible exigir mejoras tolerables para la sociedad pero aspirar a transformaciones radicales, que pongan en riesgo la sustentación del medio social, o sencillamente reivindicar la humana capacidad de crear un nuevo sistema recreando todo lo existente, es excepcional. Se requiere que un sujeto deje de estar sujeto a su medio social, el mismo que lo ha formado, y al mismo tiempo sea capaz de relacionarse en dicho medio para que sus ideas sean comprensibles de lo contrario no sería posible distinguir su posición política de un estado de locura.

Cuestionar el sistema en el que uno ha sido formado es excepcional pero lo es aún más el pretender el establecimiento de otro en vez que la mera reforma del actual. Tanto desde el social cristianismo hasta el anarquismo la propuesta consiste en reformar el sistema actual de modo que sea posible que el trabajo no sea explotación y el emprendimiento dominación pero tales anhelos son irrealizables puesto que son características inherentes a la civilización. La ideología liberal es tan sólo eso, ideología, y no está diseñada para tomarse en serio; el equilibrio del sistema depende de millones de perdedores, de desafortunados, de excluidos. Los pesados engranajes del sistema mundial requieren más músculos y bríos que los que pueden motivar los objetos de consumo y o símbolos de estatus, indefectiblemente precisa de esclavos y carne de cañón cualquiera sea el nombre con que los designemos a estos.

Que nos sea suficiente la libertad a que se puede aspirar en la civilización depende de nuestros escrúpulos puesto que nuestra relativa seguridad y comodidad es pagada con la inseguridad y el sufrimiento de otros a quienes no nos importan. Y si nos importan querría decir que nos interesa utilizar nuestra voluntad, organizándola con la de otros, para suprimir de una vez para todas ese sufrimiento. Perfeccionar a la civilización al punto que las injusticias sean un tópico de la historia es utópico, en el sentido que es irrealizable, pues la viga maestra es la injusticia. Reformar la civilización al punto de cumplir con el programa de la ilustración para todos los seres humanos consistiría en minar el sistema económico que es el que permite que nos alimentemos más de seis mil millones de personas.

El programa de una izquierda por lo tanto es aún más contraevidente de lo que se suponía. No puede consistir en utilizar a la civilización como una medida para una eventual transformación reivindicando los valores doctrinarios de ésta ya que ellos sólo han cumplido un rol ideológico; no consiste tampoco en un paso más de alguna evolución social. Es la aceptación de que somos libres, al menos en potencia, para darnos el sistema de organización social que queramos. Por lo tanto el programa de la izquierda no puede ser el llevar a la civilización a su crisis sino que proponer un modelo alterno a la civilización e implementarlo.

Ni se trata de buscar una forma contraria a la civilización ni previa a ésta sino que una diferente que permita aprovechar los avances científicos y tecnológicos suprimiendo el dominio jerárquico y burocrático sea éste de fuente monetaria, religiosa, científica o militar. La supresión de las clases sociales no depende de la abolición de la propiedad privada ni de la socialización de los medios de producción si esta no va acompañada de una supresión de toda jerarquía. El ser humano hasta hace doce mil años no conocía la civilización y podía sostenerse sin ella pero porque apenas la humanidad contaba con unas decenas de miles de especímenes repartidos en toda la superficie del globo. Su libertad de cazar contrastaba con su vulnerabilidad a ser cazado. Era el animal más inteligente pero pertenecía aún al reino animal por lo tanto su libertad aparente era precaria en comparación a lo que un hombre civilizado aspira. El salvaje no es un referente válido además que miles de años de acervo cultural no pueden arrojarse por la borda.

Un modo alterno de organización social no puede ser por lo tanto un paso evolutivo o involutivo de la civilización sino que en un acto fundacional que nos trasformaría en una nueva especie. Fue el dominio de las fuerzas de la naturaleza lo que permitió que el hombre fuera algo distinto a los animales pero al consolidarse esa situación un azaroso paso en falso hizo de la humanidad una cárcel en que los hombres afortunados son sombríos carceleros. Emanciparse de una vez por todas de la animalidad construyendo un sistema de organización exclusivamente humano, no uno que reproduzca las condiciones de la selva, es el único paso evolutivo que podría dar el hombre pues sería la primera vez en que podríamos considerarnos no sólo distintos de las ratas sino que mejores.


domingo, 21 de diciembre de 2008

Nuevas militancias, nuevas ingenuidades.


Esperemos que desde ahora en adelante la verdad nos haga libres, parece decirse con frecuencia por los líderes de opinión alternativa, mientras estructuran discursos con sendas omisiones. Es posible explicar esto por una cuestión inherente a la producción científica potenciada por la neurosis modernista: El conocimiento científico principia en lo extraordinario, lo obvio es un telón de fondo que se ignora; la modernidad asume que lo nuevo es bueno, lo que exige a los científicos hurgar desesperadamente en lo extraordinario desdeñando aún más lo inalterable.

Mientras la teoría marxista establece que lo normal es el cambio y no la estabilidad,en los sistemas sociales y económicos, se olvida hasta qué punto dichas transformaciones son superficiales dentro de una estabilidad de mayor alcance, e incluso dentro de la misma fracción de la historia que un hombre puede experienciar directamente.

El tiempo nos permite considerar a la tierra como un objeto sólido, y a lo sólido como algo estático, pues si la observáramos como una película a alta velocidad nos parecería un ambiente tan caótico y plástico como la superficie de Júpiter. Es nuestra percepción, ineludiblemente humana, del tiempo, lo que nos permite sentirnos tan importantes.

Si aquello que antes llamábamos estabilidad hoy lo llamamos equilibrio dinámico, crecimiento, progreso o decadencia es porque el pensamiento científico ha logrado incorporarse al sentido común. Hasta la iglesia católica abandonó su discurso canónico creacionista abriéndose a la selección natural e incluso al big bang. Los únicos que discrepan son un grupo de fundamentalistas, altamente activos y politizados, pero marginales.

Lo problemático en aquellos que creen que sigue siendo revolucionario el concepto de cambio social o de sociedades de clases fragmentadas y conflictuadas es que no logran entender que dichos elementos consisten en partes inseparables del pensamiento de la clase dirigente mundial. Las fisuras que ellos dicen ver son meras trizaduras en la corteza ideológica, meras incoherencias de la doctrina oficial con la cual se sustenta el modelo entre aquellos que lo padecen. El pequeño grupo que gobierna al mundo: El que controla económica, política e ideológicamente al mundo, tiene muy claro qué hacer y qué decirle al perraje.

Como la ciencia, y en especial su remedo conocido como ciencia social, estudia lo extraordinario, ha sido desdeñosa con lo evidente: que la estructura de la sociedad se ha mantenido inalterable desde que existe civilización; que siempre ha sido gobernada por un pequeño grupo de personas conscientes de la lógica sistémica, es decir el idioma del poder o del dinero como se la conoce ahora; y que es muy distinto lo que se debe hacer, que es una necesidad dentro de la lógica sistémica, que lo que se le dice a la platea y a la galería para que adhiera a las decisiones.

Estas continuidades han sido invisibles para la ciencia social que se ha esmerado en afirmar que el mundo ha cambiado cualitativamente mientras sólo se han modificado los discursos con los que la clase dirigente asegura su dominio. No existe ningún cambio cualitativo en la abolición de la esclavitud no sólo porque en la práctica no se haya erradicado sino porque el trabajo asalariado es un modo de dominio equivalente es más, los sistemas altamente tecnologizados producen marginales imposibles de ser usados económica o políticamente según algunos, sí cumplen la función de forzar al trabajo a aquellos que sólo lo harán para la supervivencia. Es más eficiente que el espectáculo de la miseria fuerce a esclavizarse, atarse en un palenque en el cual por sí mismos nos azotamos, que pagarle a un azotador por cada cinco obreros; pero eso no significa que nuestro sistema sea mejor que otros precedentes sólo que la enorme magnitud de la civilización actual en tanto sujetos a su yugo y la vertiginosa forma de producción capitalista, obliga a un sistema de control científico, a la maximización del tiempo y de los recursos. En terrenos en que antes primaba el olfato del rey y sus consejeros, hoy operan consultoras; y ahí en donde antes regía la improvisación hoy tenemos a la ingeniería.

Del ingenio a la Ingeniería:

Lo que para el público, lo que hoy se conoce como opinión pública, es una decisión emanada de un gobierno legítimo, que es racional y representativa de la voluntad general, para los poderosos es un día más de trabajo, un escalón más en una escalera que ellos saben hacia donde se dirige.

Si bien se encuentran alienados o enajenados en sus propias actividades, y poco les alcance para cabilar sobre el origen del hombre y el destino planetario, su consistencia en los asuntos prácticos se encuentra fuera de toda duda: Cada vez que se debe tomar una decisión complicada ellos lo hacen en un par de días y a lo más semanas ¿Porqué? Primero, porque no se deben a la deliberación democrática y no pierden tiempo en convencer a nadie; segundo, porque tienen claro hacia donde se dirigen por lo tanto las decisiones no son ingeniosas sino que son de ingenieros.

La ingeniería es el arte de llevar a cabo un plan, por descomunal, inapropiado o suicida este sea. El cálculo dirá cual es el modo más barato de fabricar una bomba y arrojarla en Hiroshima, poco le importa quienes están abajo. El cálculo también computará las ganancias, directas e indirectas, que cualquier masacre rentará a los invasores.

La clase dominante mundial se debate en una ecuación muy simple: Ni muy poca luz para que el santo no se vea ni mucha para que no se queme. Es preciso que el sistema productivo crezca pues es el único modo que la apetencia de los dominantes no colisione con la de sus colegas; pero ante todo es preciso conseguir que el barco no se hunda. Los recursos naturales son escasos y el mundo es un espacio mucho más acotado de lo que se pensaba hace ciento cincuenta años. La clase dominante sabe que con cada paso que avanza se acerca, nos acercamos, a un precipicio medio ambiental pero que la lógica del poder obliga a crecer pues lo contrario es declinar.

La alienación los lleva a seguir la lógica del poder, sin ninguna otra consideración; el conseguir el acatamiento de los afectados por sus decisiones se realiza por los mismos sistemas técnicos ingieneriles con los que construyen sus ineficientes rascacielos. La diferencia con los anteriores es que tales métodos no se divulgan por el Discovery Channel.

Relaciones Públicas y Sistemas de Inteligencia:

El control de los perjudicados por las políticas, para que se sientan miembros de una sociedad en cierto modo equitativa, se realiza por medio de sistemas ideológicos en que los principales son la educación pública y los medios de comunicación de masas. Para aquellos que no logran ser evangelizados se encuentra una amplia gama de dispositivos terroristas que todo sistema ha utilizado incluso el occidental capitalista pese a que abjure de hacerlo.

Los estudiosos de los sistemas penales, por ejemplo, saben bien que nadie va a respetar a un sistema criminal porque este sea coherente o justo sino que precisamente por todo lo contrario. No se busca que los ciudadanos respeten el derecho escrito, que ha sido públicamente discutido y estatuído, sino que acate las veleidades y caprichos del poderoso. A parte de ser las normas criminales en su redacción clasistas, racistas y sexistas, y tales características se incrementen al ser aplicadas por los operadores policiales y judiciales, lo que vale es el derecho penal subterraneo, aquel código secreto que todos conocemos, que es lo que efectivamente causa terror.

Como lo señalaba Hobbes, el Estado es el modo de suprimir la inseguridad de la barbarie encomendando a un monstruo para que desempeñe la tarea de aterrorizar en exclusiva. Lo que sucede es que muchos confunden ese Estado con los que formalmente se describen en el almanaque mundial. Identifiquemos quien aplica el terror, en favor y en contra de quien, y tendremos al mundo tal cual es, desprovisto de toda ideológica cobertura.

Existen personas que en el momento que usted lee este párrafo aprenden a aplicar corriente en la lengua o en los genitales de otros seres humanos es más, hay seres humanos que en este preciso momento están siendo torturados. No me refiero tan sólo a lo que se conoce como mafia, o terrorismo, me refiero a grupos financiados directamente con sus impuestos y apoyados políticamente por los representantes que usted elige.

La clase dirigente sabe bien sus finalidades, y es la ingeniería quien se preocupa de los medios. Si hemos de construir un edificio en un pantano la ingeniería sabrá como hacerlo y que salga lo más barato posible; si necesitamos imponer nuestra voluntad sobre un territorio o extraer los recursos naturales que yacen bajo humanos, la ingeniería sabe cómo hacerlo en el menor tiempo y al menor costo. Esto no significa, por favor ¡entiendalo!, menores costos humanos y o ambientales sino que sólo se considera el dinero que sale del bolsillo del patrón.

Cómo sesenta y tantos años de propaganda anti nazi han calado profundo en la opinión pública, los hornos dejaron de ser un método popular y su implementación arroja altos costos en publicidad que los hacen poco rentables. Pero siguen utilizándose métodos similares a los de Akad y Asiria, tiempos y lugares en que freían en aceite a todos los prisioneros de guerra y sólo dejaban a un sobreviviente, al cual torturaban con la precaución que mantuviera un ojo y su lengua, y el aliento para volver y contar las atrocidades a su lugar de origen.

Tanto se habla de la guerra de Iraq, sobre los crímenes en que ahí se perpetran, sin que nada de eso aminore el poder de los invasores. Lo que ocurre es que la divulgación de horror es parte ineludible del terror pues lo que se quiere dejar sentado es que ellos harán eso cuando se les ocurra y en contra de quien se les plazca.

Mientras la cobertura de chocolate con que se cubre al mundo enseña que todo se hace por alguna razón, el idioma del poder siempre ha sabido que el día que los gobernados sepan que hará su rey lo harán ellos mismos y no lo necesitaran. Poder que no abusa no es poder; sin arbitrariedad no hay terror y sin terror no hay gobierno.

Los nuevos militantes deben comprender que los ejércitos están para matar personas, que las policías también, y que los sistemas de inteligencia para expiar, manipular, producir horror y reproducir terror.

Cada vez que exigimos el cumplimiento de catálogos de derechos que no se nos olvide que ellos son la dulce zanahoria que se ofrece con cinismo mientras, tras ella, oculto oscila el garrote.

martes, 4 de noviembre de 2008






Naturaleza o política.

Para Noam Chomsky, el ser humano poseería un núcleo elemental de programación cultural, algo que en jerga informática podríamos llamar kernel. Siguiendo con la analogía podemos mencionar como punto de convergencia, entre casi todos los que han estudiado científicamente el asunto, que el ser humano es la interacción entre hardware y software, es decir, de un cuerpo que se distingue del resto de los primates por ser lampiño, erecto, con un pulgar abatible y unas cuerdas vocales tensadas que le permiten la emisión de una gama casi infinita de sonidos; y una cultura que le dota de un contexto propicio para desarrollar sus capacidades pero que es específico y por lo tanto inhibe el desarrollo de todas las potencialidades.

Chomsky defiende que el lenguaje, y por extensión, las normas éticas fundamentales, se encontrarían en un punto intermedio entre hardware y software, y además, por ser inmutables, debiéramos considerarlas partes integrantes del cuerpo. Roger Bartra revisa detalladamente esta cuestión y las contundentes objeciones que han transformado a la teoría del lenguaje de Chomsky, propuesta en la década de las cincuenta, en parte de la historia de la neurolinguistica.

Bartra sin embargo no descarta los argumentos de Chomsky absolutamente como sí lo hacen de consuno los neurobiólogos. Es que a mediados del siglo pasado el reputado lingüista del MIT sustentaba su teoría en una observación empírica, la cual aún subsiste por la fuerza de los hechos: Un niño aprende un idioma aunque tal idioma se lo enseñe alguien que lo habla mal; luego este niño es capaz de perfeccionar esa lengua.

La explicación chomskiana es que existe una capacidad innata en el ser humano hacia el lenguaje, una especie de lengua universal, que le permite entender las primeras instrucciones aunque estas sean dadas erráticamente. Como el lenguaje constituye el marco de lo nombrable, y por ende de la innombrable, junto a una lengua primaria universal, o protolengua, tendríamos a una cultura primaria universal que por ende poseería normas elementales. Para Bartra, en cambio, existiría un punto intermedio entre cuerpo y cultura, más cercano al cuerpo por menos plástico, es decir, incapaz de variar sustancialmente en breves lapsos de tiempo. Los denomina circuitos neuronales culturales los cuales no determinan una lengua ni cultura específica sino que un modo específico de relacionarse con el habla y la cultura.

Tales cuestiones no son ejercicios intelectuales enajenados sino que son elementos insustituibles de cualquier teoría materialista.

Chomsky considera que los DD.HH son una expresión democrática universal y que por lo tanto refieren a una ética fundamental que todo ser humano tiene por el sólo hecho de serlo pero que los poderes opresivos, gobiernos, empresas, etc, acallan para su propio beneficio. Dicho autor, y también Bartra, incorporan el pensamiento Kantiano en distintos grados: Para Chomsky hay una moral universal aunque no se trate de una mera deducción del imperativo categórico; para Bartra, los circuitos neuronales culturales ocuparían un lugar similar al de los arquetipos formales sin por eso conducir a un lenguaje y una moral universal.

La explicación del catedrático estadounidense es complaciente con nuestra sistema capitalista pues lo considera de todos modos un avance en relación a otros sistemas, los cuales pueden ser tachados de precedentes. Es la vieja fe en el progreso y en la vía americana para éste, travestida burdamente. En el le monde diplomatique de octubre (edición chilena) Chomsky señala que los juristas latinoamericanos participaron ávidamente en la creación de la carta de la ONU y de la declaración de los DD.HH. No me referiré al rol protagónico de José Maza Fernandez, quien también integró la comisión redactora de la constitución chilena de 1925, pues está bien claro que fue similar al de los jueces de Nürembreg y Tokio. Los DD.HH no se consagraron de modo pacífico, ni menos democrático. Su historia es tan oscura como la de la conformación de cada estado nacional moderno. Durante sesenta años por más que han tratado de ser la voz autorizada de la mayor sofisticación moral de su época no han servido sino como pretexto para la legitimación del sistema de dominación más primario.

La tesis de Chomsky es ius naturalista y contiene todas las excrecencias de una teoría así. Al ocultarse la intima relación, o más bien identidad, entre derecho y poder, y defenderse un dualismo moral, una moral buena y una moral mala, por existir un punto de valoración meta moral, no nos queda más que soportar las aberrantes condiciones impuestas mientras le rezamos a la biblia o a Kant.

Si los DD.HH son normas universales, que yacen al menos larvariamente en nuestra constitución física, no se entiende porqué una de las reivindicaciones más importantes de los defensores de éstos sea la de su incorporación a los programas de estudio. Se debe proteger a la naturaleza y por lo mismo se debe concientizar a los infantes en la doctrina ecosistémica; se debe cuidar a la clase industrial local y por lo tanto se debe concientizar a los niños en la doctrina nacionalista. Todo esto ocurre por que la ética no viene incorporada en nuestros genes, ni los sistemas jerárquicos y disciplinados de dominio ni algún socialismo de silabario.

Enhorabuena los neurobiologos se han encargado de refutar a Chomsky, de oficio, a propósito de la investigación científica alienada. Sería sano que la izquierda se entere por fin de estos asuntos, pues es muy distinto padecer el actual sistema conformándonos por ser lo mejor a lo que podemos aspirar como humanidad, que declarar que somos libres para darnos el sistema que nos plazca. Si los DD.HH son el techo la política se reduciría nada más que al activismo judicial.
lunes, 27 de octubre de 2008

Agradecimientos e Información sobre Violencia y Control.



Muchachos, después de unos cuantos ajustes y breves temporadas en el infierno, vuelvo a mi tarea de contaminar el ciber espacio con mis inoportunos y oficiosos comentarios. Desde ahora estas crónicas se podrán también escuchar, y no desde el robot sintetizador que estaba utilizando en modo de prueba sino que desde mi propia gangosa voz y hasta con música de fondo. Así que pueden descargar las crónicas y escucharlas desde sus reproductores Mp3 mientras viajan en el transporte público o en sus automóviles. Esto si quieren odiar en las horas muertas.

Además les agradezco el escuchar y difundir este espacio ya que fuera de todo pronóstico es ávidamente visitado; el contador registra al menos veinte visitas diarias lo que es todo un éxito considerando que esta crónica también es reproducida en otros medios digitales.

Reitero que todos los contenidos de esta bitácora pueden ser reproducidos de cualquier forma y en cualquier medio, sólo les pido tener la deferencia de avisar por correo electrónico a la siguiente dirección:

arielzuniganunez@gmail.com

En estos momentos también participo en una radio comunitaria produciendo un programa sobre literatura el cual les recomiendo escuchar todos los sábado a las 19 hrs. en la zona poniente de santiago y el litoral central. Además pueden descargar los episodios y o escucharlos on line en:

www.radiocircuitoliterario.blogspot.com

Como pueden ver todas las modificaciones se han realizado gracias a sus críticas, comentarios y o sugerencias. Les pido que las sigan haciendo llegar con frecuencia para saber si este pequeño mensaje, que todas las semanas guardo en una botella, llega a su destino.

Del mismo modo si esta información les parece correo basura no duden en hacerlo saber para borrarlos de mis registros.

A continuación mi última crónica, también en formato radial, sobre las elecciones municipales.

¿Bastará un gota de lucidez en la infinitud de las tinieblas? Existe un sólo modo de averiguarlo.

Maipú, 28 de Octubre de 2008.


Atornillando hacia la derecha.

Táctica electoral sin estrategia emancipatoria.


Escuche este artículo en Mp3.

Las alianzas gobernantes se han esmerado en explicar los resultados de las elecciones municipales celebradas ayer, veintisiete de octubre de dos mil ocho, recurriendo a la majadería contable. Pero el único guarismo que no se presenta es el que explica todo de forma más elocuente: Más del cincuenta por ciento más uno de los chilenos mayores de dieciocho años no expresó su voluntad conforme hacia ninguno de los candidatos.

Los votos nulos y blancos fueron escasos, aunque el mismo subsecretario Harboe llamó la atención sobre su extenso número durante la presentación de los cómputos. Tres millones de personas inscritas en los registros electorales no se presentaron a su lugar de votación y colapsaron las comisarias dejando constancia de la excusa esgrimida para no hacerlo. Sólo cinco millones de chilenos asistieron a los locales de votación de los cuales el noventa por ciento emitió válidamente su sufragio. Pero la población nacional que habita dentro del territorio es superior a los dieciséis millones y nuestros bajos índices de natalidad no concentran la población en los niños y adolescentes como en áfrica o centroamérica sino que en los adultos. La población envejece y el padrón electoral también, para estas elecciones por ejemplo más electores murieron que nuevos se registraron. Si desde 1970 la población nacional aumentó en un sesenta por ciento los electores a penas lo han hecho en un veinte por ciento, pese a que en aquellos tiempos se debía tener veintiún años para sufragar.

La fórmula para que esta apatía generalizada no afecte la legitimidad del sistema ha obligado a que se conserve la obligatoriedad del voto pero los tres millones, más los votos nulos y blancos, de quienes no cumplieron con su deber pese a estar inscritos, y ser amenazados con multas superiores a ciento cincuenta dólares, demuestra que la apatía ya linda en el desacato.

Se propusieron tres medidas para aumentar la participación electoral: La inscripción automática, el voto voluntario y la participación de los chilenos que habitan en el extranjero. Además se ha eludido la votación electrónica y la modernización del servicio electoral lo que es coherente con la lógica de dejar todo tal cual está pues cualquier cambio podría perjudicar a los actuales gobernantes.

La inscripción automática y voto voluntario son medidas muy fáciles de implementar si es que se celebrara una votación electrónica. Alguien podría decir, y con mucha razón, que la informatización podría traer problemas hasta ahora inexistentes a propósito de los nefastos precedentes de SONDA: La cédula de identidad imposible de falsificar pero que ya se la adulteraba con frecuencia desde una semana de su debut y el conocidísimo Transantiago. Obviando estos precedentes y las tesis conspiparanoicas lo cierto es que los sistemas digitales funcionan en todo el mundo y hasta en Chile; el Servicio Nacional de Impuestos Internos es un claro ejemplo en ese sentido.

Pero tales iniciativas fueron desechadas porque todos los participantes en las elecciones saben muy bien quienes son sus electores y donde viven, por ejemplo la empresa GMA vinculada a la UDI, confeccionaba mapas en donde se situaba a los electores y eso le permitía a los municipios saber a quienes se le sacaba la basura y a quienes no. Revolver el río es perjudicial para todos hasta para los comunistas que deberían lidiar con grupos más a la izquierda del dial que ellos.

Los chilenos en el extranjero presentan otras particularidades. Por una parte las numerosas colonias en Australia, Venezuela y Suecia, compuestas en gran mayoría por emigrantes económicos de los setenta y ochenta, pero que sin embargo actúan cual exiliados políticos siendo hasta la fecha furibundos antipinochetistas obstante el deceso del general. Colonias numerosas también encontramos en España y Argentina pero en estas últimas no tenemos la parcialidad ideológica de las anteriores. Las alianzas gobernantes saben que la poca participación de los chilenos dentro de Chile puede hacer decisiva la intervención de los que viven afuera máxime si en las colonias más numerosas se votara por Guillermo Tellier o Tomás Hirch en forma mayoritaria. Esas candidaturas testimoniales podrían redundar en gobiernos imprevistos tanto para las élites como para nosotros, y para los candidatos mismos, lo que alteraría la situación política y económica nacional en forma repentina sin que los vecinos de Gotemburgo deban sufrir ninguna de sus perniciosas consecuencias. Con colonias tan radicalizadas es obvio que el sufragio del chileno en el exterior es un tema muy diferente que para los Uruguayos o Argentinos.

El perfil del elector, y hacia donde apuntan todos los candidatos aunque se digan de izquierda, es a una mujer mayor de cincuenta años con una educación básica, y que toma sus decisiones de acuerdo a los mensajes que le exhiben los medios de comunicación de masas. Su participación política se reduce a su familia y a sus pares; a medida que aumentan los años también su asociatividad que vuelca en clubes de adulto mayor, juntas de vecinos y comités de seguridad ciudadana. La respuesta a la falta de ideas, de discusión de fondo, y hasta de aceptación a su ideario político de los candidatos en nuestra última elección, se encuentra en la moderación patológica del electorado. Una generación que sufrió con las divisiones del pasado y que no está dispuesta a ningún avance pues sabe que cada uno de ellos tiene inevitables costos.

Los jóvenes por su parte, aquellos de los que tanto se habla y se sostienen todas las esperanzas, luchan por su salvación individual arriesgando todo y sin importarle mucho la suerte de los demás. En dicha lógica los políticos son exitosos, al igual que los empresarios, a quienes se puede admirar por su talento para salvarse individualmente y a costa de todos pero eso no significa que uno vaya a asolearse o hacer fila para elegir a uno de ellos pues son todos iguales.

Todo indica que la participación electoral seguirá cuesta abajo en la rodada y eso obviamente afectará el modo de legitimar las decisiones política tal cual se ha hecho en los últimos veinte años. Pero eso es muy distinto a creer que el sistema colapsará por falta de participación pues se trata de una condición deseable más no necesaria. Los EE.UU han demostrado que se puede gobernar sin contratiempos, y decirse democráticos, en un lugar en donde sólo una minoría toma las decisiones y una pequeña fracción participa electoralmente.

Que las alianzas gobernantes recurrieran a la fotografía digitalmente alterada, a las frases sin contenido y a las fotos con recién nacidos no es ninguna novedad, tampoco la apelación al clientelismo y hasta del cohecho, el problema está en quienes dicen estar en contra del “modelo” y se prestan para la misma ordalía a propósito que deben convencer al mismo electorado.

El fracaso de la izquierda ha sido en las últimas elecciones el no convocar a nuevos izquierdistas para que se sumen a un proyecto coherente en el cual la opción de inscribirse en los registros electorales no sea vista como una concesión sino como parte de una estrategia de mayor alcance que la mera obtención de resultados contables en un viciado mercado de popularidad.

La izquierda debe ser capaz de presentar una alternativa antes que un candidato, mientras los jóvenes de derecha se inscriben gustosos los de izquierda se quedan en la casa con el ceño fruncido y esto es en gran parte responsabilidad de quienes no hemos logrado levantar un proyecto colectivo. Lo electoral no es determinante pero puede ser relevante en la medida que sea táctica dentro de una estrategia. Hasta el momento la única propuesta de la izquierda consiste en atornillar hacia el mismo lado de la derecha pero más despacio.

domingo, 17 de agosto de 2008

Pueblo versus Multitud: Hobbes y Spinoza

de Paolo Virno

Julio, cuando se objeta este tipo de textos es común ser tildado apresuradamente de necio y hasta de pre juicioso. Si no viniera recomendado por ti no lo hubiese jamás leído, el sólo utilizar la palabra gramática para hablar de la sociedad me causa escozor. No debo presentar pruebas sobre no ser conservador, ni me interesa ni sé frente a qué tribunal hacerlo; si me queda claro que quienes logran mezclar aceite y vinagre de modo tan prodigioso puedan considerar que su ungüento se encuentra fuera de mi competencia.

El término "multitud" que utiliza Virno, y que constituye la glosa de la glosa de la glosa de Negri. Bensaid y otros, y a Hobbes por derivación, ni constituye una novedad ni un descubrimiento para el pensamiento político sino que una versión nueva del mismo producto ofrecido en las vitrinas desde que el mundo es el mundo, o desde que es civilización: Una doctrina justificadora del estado de cosas v.gr. una ideología. Una falsificación de la realidad solamente útil dentro de esa esfera.

Desde luego que podría ser útil dentro de un propósito mayor en tanto contra ideología, de modo de fundamentar un nuevo sujeto político que reemplace al sujeto histórico del marxismo, un punto de apoyo desde el cual se pueda levantar un partido global y su correspondiente militancia; el problema es que esta intención no se explicita y es más, se vende este pensamiento en tanto descripción y constatación de la realidad lo que constituye en una ofensa.

Recurrir a Hobbes es sólo un argumento de autoridad validado por los intelectualitos que le conceden algún peso; justamente aquellos que ni hacen, hicieron o harán barricadas. Por lo tanto qué sentido tiene crear una ideología dentro de la academia y útil sólo dentro de ella. La complicación excesiva, eso de enturbiar el agua para que parezca profunda, no es a lo que me refiero por crear una ideología funcional a una transformación de forma de capturar las adherencias de aquellos que no pueden ni quieren ser convencidos, iluminados, deseducados, o que se los guíe a la toma de consciencia; ni tampoco es pensamiento desenajenado. Es la misma ideología hegemónica la que lucha por sostenerse; la crisis de Virno es la de los conceptos, la única en que él cree, y su modo de abordarla es conceptualmente, como él mismo señala sin pudor "es interesante esta fallida obviedad, pues hoy estamos tal vez en un nuevo Seiscientos, en una época en la que estallan las antiguas categorías y deben acuñarse otras nuevas." Porqué deben reemplazarse las categorías obsoletas, por la misma razón - por la misma obviedad - que las herramientas obsoletas se deben reemplazar por las nuevas: Para hacer más eficiente el trabajo y de paso financiar la industria de las innovaciones.

sábado, 16 de agosto de 2008
"Construyendo tu propia teoría revolucionaria", o "Situacionismo" (sic) para niños.

Estimado Julio

Excelente folleto. Comparto en gran parte su análisis y la intencionalidad del mismo, sin embargo, me permito algunas observaciones:

Coincido en el que cambio consiste en una nueva moralidad, en un nuevo hombre si se lo quiere llamar así, que haga posible una sociedad en que se auto produzca la vida, es decir, pasar de la necesaria coacción - al actuar sobre la amenaza - , al actuar de moto proprio. Se requiere un nuevo sistema social que al mismo tiempo es posible sólo si la humanidad da un paso sustantivo desde el mono al super hombre (parafraseando al célebre sifilítico)

Mi discrepancia es la siguiente, la autoconsciencia es una aspiración minoritaria, según el folleto de individuos que se agrupan en función de su nihilismo, puesto que el ser humano puesto ante la disyuntiva de confrontar al mundo o disculparlo hace lo segundo. Las ideologías no sólo son producto de mentes macabras que intentan manipular al ser humano para sus ruines propósitos sino que son producidas colectivamente para soportar la vida, para decirlo vulgarmente, para poder levantarse cada mañana. Del mismo modo que cada individuo olvida los malos recuerdos o articula un relato que permita justificarlos (cuestión vastamente estudiada por la sicología) las sociedades, que al mismo tiempo son individuo y totalidad, se procuran explicaciones coherentes o aceptables dentro de la miseria y desquiciamiento generalizado del mundo. Como los propios sicólogos dicen, se trata de razonamientos dentro de la irracionalidad; las religiones, o cualquier explicación sobrenatural, o cualquier tipo de ideología es al mismo tiempo impuesta, conservada y querida por los sujetados. Como dijo alguna vez Russell (en Autoridad e Individuo) cuando un ser humano se coloca en un punto enfrentando con el resto de sus contemporáneos difícilmente logra sostenerse: El desquiciamiento generalizado verbalizado como coherente por la mayoría, visto desde el crítico, lleva por lo general al desquiciamiento del último y al refuerzo de la locura del reto. Finalmente para criticar a la sociedad de forma radical es preciso haber llegado a una posición intelectual a propósito de insustituíbles via crucis, individuales por supuesto, y en cada estación las tentaciones por abjurar de lo pensado y dicho "aunque las palabras hayan sido escritas con sangre", son muy poderosas. Los que llegan a algún destino, aunque cada vez dudo si exista quien lo haga, en ese pedregoso camino se encuentran muy cansados y mortificados para emprender cualquier lucha. Su experiencia además no sirve de nada en términos educativos pues cada uno debe educarse necesariamente como el Lazarillo de Tormes, es decir, debe ser educado por la misma sociedad enferma y deseducado por el mismo en un acto de autoconscientización equivalente a la revelación mística. Se me puede responder que estoy naturalizando al hombre, que esa tendencia humana por la justificación en vez que por la conforntación no es más que un dato estadístico producido por la propia sociedad que se critica, a mi me parece que desconocer ese dato es arrojarse obcecadamente a una nueva derrota. Si debemos esperar a que todos los seres humanos se transformen en dioses para vivir en una sociedad medianamente sensata estamos dilatando cualquier transformación para unos cuantos miles de años más. Cualquier proyecto de transformación requerirá necesariamente un grupo poderoso y minoritario que emprenda autoconscientemente la tarea, que la principie, y que construya una ideología que contenga las inevitables resistencias al cambio, observables no sólo en los humanos capitalistas occidentales modernos, sino que también en otras especies animales. Esa ideología puede ser de todos modos una contraideología; un súbito cambio de parecer de toda la humanidad, al mismo tiempo, me parece una quimera y por ende, una nueva ideología que permite contener a la minoría ilustrada y autoconsciente que es más numerosa y poderosa en potencia de lo que lo fue en cualquier otro momento de la historia.

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