Bastará un tenue fulgor para iluminar las tinieblas.
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La reconstrucción: Keynes versus Friedman.
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Tan Lejos y Tan Cerca del Imperio del Sol Naciente.
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Lluvia en el País de los Sin Techo.

Sentando las bases para una mejor productividad.
Por
Ha llegado la lluvia, al menos una quincena de ventaja le dio al gobierno para que actuara y como vemos, nada. Escombros sobre escombros, adobes licuados, niños tapados con plásticos, periodistas bien abrigados y alimentados impostando la congoja, la calamidad evitable exhibida con asombro.
Aunque desde aquí se escuchen los martilleos de los techistas, y hasta aquí llegue el olor a chaleco mojado de sus buenas intenciones, sabíamos desde el principio que todo era una continuación del espectáculo, por otras vías, y de la calamidad por la acción de otros eventos naturales previsibles.
Los especuladores, que deberían adornar nuestro escudo junto a los pacos y los perros vagos, se frotan las manos, y no es por el frío, como los cientos de miles de damnificados. Socios, amigos y financistas del gobierno anterior; ministros, subsecretarios, intendentes ¡y hasta el presidente! de la administración actual. Esperaban ansiosos la lluvia que desmoronara por fin la quimera de la reconstrucción y arrojara los cuerpos sobrantes a las fauces del libre mercado: El shock, a río revuelto ganancia de pescadores.
Nada mejor que los adobes irreparables por efecto de la humedad para soslayar las normas de monumentos nacionales; nada mejor que niños moquillentos en la TV, y tiritando para justificar la miserable política de arrojar mediagüas como solución habitacional definitiva.
Son transitorias, dicen, como los arreglos en la villa olimpica que cumplieron 25 años de transitoriedad y el 27 de febrero quedaron en el suelo.
Qué mejor que un pueblo de rodillas, entumecido, estilando, atacado inclemente por un terremoto, un tsunami, un diluvio sin protección, y para colmo, por la piratería avalada por nuestra clase dominante. Asediado por las buenas intenciones de los vampiros, de todos quienes quieren esquilmarlos, explotarlos, empezando por el gobierno, siguiendo por los bancos y todo el macroempresariado “caritativo”.
Los buitres con maletín que recorren las zonas devastadas, comprando por tres monedas los terrenos sin que el gobierno haga nada, sin que se congelen las transferencias, como se hizo luego de la erupción del Chaitén, o se utilice la “zona de emergencia” para algo diferente que para amedrentar al propio pueblo arrodillado.
Qué mejor para la raza de mercanchifles que nos asolan que un país en mediagüas ansioso que le pasen un chuzo y una picota para emplearse en el PEM y el POJ por un plato de garbanzos.
Es el modo de crear los empleos prometidos, de aumentar nuestra “productividad”, bajando los salarios de facto al llevar a u
n diez por ciento de la población a la más angustiante miseria.
Y las cifras dirán que Chile sigue creciendo, el próximo año será de un crecimiento “sin precedentes”. Cada ventana que le hagan a la mediagüa, cada bolsa plástica que le arrojen encima, aumentará el IMACEC, el miserable nivel de ingresos “fomentará la inversión extranjera”, y los multimillonarios recursos del cobre, de lo cual hoy nadie más habla, aportarán al “crecimiento” local, al menos de la cifras, mientras son disfrutados en otras latitudes.
Lo único transitorio será el aumento del royalty, que se aumenta dentro de niveles risibles, y se hace de modo que no “se vayan a enojar las grandes compañías”. No vaya ser cosa que se enojen y se aburran de enriquecerse a nuestra costa.
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Sobre el terremoto y los efectos percibidos.
Despacho de nuestro corresponsal en Chivilingo.
Por Cristobal Cornejo desde la zona del desastre
Chivilingo es un villorrio costero en el que no viven más de treinta personas durante el año. Es conocido sólo porque en medio del cerro y bosque se construyó a mediados del siglo XIX la primera central hidroeléctrica de Sudamérica para proveer de energía a las minas de los Cousiño. Está ubicado aproximadamente a 2 kms de Laraquete (hacia el sur) y a 7 de Lota (hacia el norte).
A este lugar llegamos mi compañera, Tania, y yo la tarde del día 28 de febrero tras un tenso viaje desde el sector libre “El Boldo” del lago Lanalhue (a 40 kms de Cañete y 120 de Concepción aprox), para comprobar en carne propia la suerte que sus padres habían corrido con el terremoto del día anterior. Ellos, ya sesentones, tienen una casa a no más de 100 metros del mar. Y no son los únicos; más de una veintena de casas se extienden entre la Rinconada norte y sur.
Este hecho nos preocupaba de sobremanera, conocidos los efectos del terremoto y maremoto en la zona del golfo de Arauco, la costa norte de Concepción y la costa de la VII región.
Evidentemente el comportamiento del mar y la bastante atrasada alerta de tsunami obligaron a quienes se encontraban en Chivilingo a dormir un par de noches en un cerro cercano. Lo mismo ocurrió en otras zonas. No obstante, el terremoto no dejó con daños graves las casas del lugar y, afortunadamente, el maremoto no golpeó directamente, el temor se apoderó de los habitantes, en su mayoría gente por sobre los cincuenta años.
Uno de los efectos más perversos que pudimos percibir en las personas que tuvimos la oportunidad de abordar en Contulmo (pueblo a 6 kms desde donde acampábamos, primer lugar donde fuimos por información) y las que trajimos en nuestro viaje de regreso a Chivi fue el provocado por la interrupción de las comunicaciones: ésta lleva a las personas a pensar las ideas más optimistas y las más trágicas sobre la suerte de sus cercanos, perturbándose minuto a minuto el sistema nervioso.
Al momento del terremoto y las siguientes 24 horas estuvimos sin ningún tipo de información fiable sobre los efectos del sismo en el lugar que más nos preocupaba. Supimos de boca de la gente que la zonas costeras de la VII y VIII habían sido muy afectadas, pero no supimos nada de Chivilingo, lo que nos tuvo con una extraña sensación más intensa que la normal incertidumbre.
En el momento exacto del terremoto, acabábamos de meternos a la carpa, luego de una regada velada frente al fuego, el lago y la luna casi llena. Vivimos el terremoto en una carpa, sólo con los ruidos animalescos y terrestres de fondo (los bajos más subbajos que jamás hemos sentido), por tanto, nos fue imposible dimensionar los estragos acontecidos en las zonas pobladas rurales y urbanas…. Mirándolo bien, no pudimos estar en un lugar menos traumático, en un mejor lugar, sin histeria colectiva ni los peligros de las urbes, tan sólo los sorprendentes daños sufridos por el camino asfaltado que va de Cañete hasta Angol.
Luego de sumarnos al caudal de desinformación y especulación comunitaria, comenzamos a vivir el suceso de manera más… normal (?), acrecentándosenos el temor por el estado de nuestros familiares y amigos a lo largo del país.
Elementos.
- Los efectos sociales de la incomunicación personal y de los medios, directamente relacionados con la geografía (zonas rurales, lejanía de las rutas principales) y con la enorme centralización política territorial y del imaginario social construido por los medios de comunicación masivos, así como por la fragilidad de las comunicaciones ante eventos de la naturaleza, a pesar de que los adalides del progreso y la tecnología tiendan a presentar sus avances como cuasi-infalibles.
Ya llegados a Chivilingo, terminamos por integrarnos de lleno en la manera generalizada de vivir aquellos días: retomando poco a poco la comunicación con nuestros cercanos, apurando la organización de la alimentación y de los “turnos de guardia” a propósito de las réplicas (y, principalmente, potenciales tsunamis), siendo testigos de las distintas reacciones de las personas frente a nuevos temblores y enterándonos con entusiasmo sobre lo saqueos y ataques a la propiedad en diversos lugares.
Al día de la redacción de este comentario (7 de marzo) aún no he visto ninguna imagen fotográfica ni televisiva de los efectos del terremoto y maremoto, ni de los saqueos, y si no hubiera una radio a pilas, con pilas, y la saturante radio Bío-Bío, tampoco nos habríamos enterado tan en detalle de lo ocurrido en Concepción y otros lugares.
- cómo los medios de comunicación nos someten o integran a la “realidad”, empapándonos de los problemas y dramas normales a las circunstancias que se extienden por el territorio. Un elemento moderno y nada de natural, ya investigado por numerosos comunicólogos, pero que no debemos perder nunca de vista.
¿Tiene uno derecho a no hacerse cargo de los problemas que ocurren más allá de nuestra comunidad y que sólo conocemos indirectamente a través del filtro mediático?
- Es particularmente interesante el tema de los saqueos y robos, al igual que el de la organización comunitaria, que viene unida a este hecho y al tema del racionamiento del agua y los alimentos.
¿Qué es lo que se critica en el fondo?
El aprovechamiento de algunos “desalmados” que robaron más allá de lo “estrictamente necesario”. Aún no escucho a nadie que condene a priori el robo de víveres o de los llamados “artículos de primera necesidad” (distinción creada y que inconcientemente hace notar la línea existente entre los productos que satisfacen necesidades humanas reales y los que son grotescas creaciones del ethos mercantil).
Es imprescindible potenciar el vehemente ataque a la propiedad privada, el germen destructivo-creativo aún presente en momentos excepcionales de nuestra vida cotidiana y develar la trascendencia de la auto-organización comunitaria, extendiéndola a otros momentos de la vida y politizándola.
El poder comprende el peligro de dejar pasar estas prácticas, por lo que ha adoptado varias maneras de reprimirlas y evitarlas. Primero, canalizando ayuda a través de municipalidades y juntas de vecinos (es decir, utilizando los canales ya constituidos) y asegurando el orden con presencia militar. Respecto a los saqueos: por un lado, ya hay gente devolviendo en las calles los artefactos robados. Por otro, se ha castigado (un castigo de clase) a diversas poblaciones en Concepción, indicadas como “turbas saqueadoras que deben estar disfrutando de los muchos artículos robados”, dejándolas abandonadas en cuanto a ayuda básica se refiere, mientras que numerosos testigos indican a todo tipo de personas como saqueadores, no sólo proletarios.
Más allá del saqueo a entidades comerciales (y el vandalismo contra símbolos del poder mercantil), el peor efecto de la psicosis potenciada por los éstos tuvo relación con el enorme clima de desconfianza y enfrentamiento entre poblados colindantes, lo que llevó a los vecinos a armarse (no sin accidentes) y a exigir la presencia de los militares en las calles y otras medidas de seguridad.
En Chivilingo, recibimos unos con histeria, otros con escepticismo, la noticia de primera fuente sobre el supuesto robo que sufriríamos como comunidad a manos de pobladores de Laraquete, lo que nos llevó a intensificar las guardias nocturnas y a inventar ridículas armas para defendernos de los supuestos atacantes. Una infernal situación, pesadilla apuñalante (nunca concretada) para quien aún cree en la posibilidad de otra práctica de lo político.
Sin embargo, en el fondo me entregaba. Comprendía que quienes vendrían serían “los malos” y no tanto “los necesitados” y que les interesaría pura mierda material. El lumpen proletariado no tiene nada que perder, salvo los ojos abiertos en las condiciones de sobrevida. De ahí su arrojo e indolencia. Yo también pagaría su desilusión, viviría su venganza. Cuando el estado de excepción no es la excepción sino la regla, no pueden esperarse reacciones de otro tipo.
Por otro lado, el desprecio por la propiedad privada está ligado, simultáneamente, al fetichismo de la mercancía incrustado, pero más allá, al desprecio por el valor de cambio. Muchos de los elementos robados, productos suntuarios grotescos, destinados tanto al uso privado como a la puesta en mercado informal. Yo hubiese saqueado primero, por el placer de destruir los enormes ventanales y cortinas de los palacios del consumo y las finanzas; luego, por la rebanada de plusvalía que ha sido robada a generaciones de proletarios. Una venganza Benjaminiana.
La indolencia destructiva del lumpen proletariado ¿podremos canalizarla en aras de la revolución comunista anárquica? Quiero creer que con enorme esfuerzo colectivo y claridad, si.
Este actuar fue la principal razón de la exigencia ciudadana por la presencia militar en las calles. Por tanto, la actitud de este sector hacia otros proletarios los ubica hoy como enemigos de clase que justifican la autodefensa popular. Y peor, actúan como elementos reaccionarios, porque desvían las energías colectivas y legitiman el poder de las fuerzas del Estado.
A pesar de esto, la fiesta del saqueo generalizado rechaza de plano el recorrido lineal que lleva a la adquisición de bienes, esto es el trabajo asalariado, obediente y controlado. Porque saquearon delincuentes de oficio, dueñas de casa; unos saquearon botillerías, otros la línea blanca de las tiendas. Todos unidos por el mismo hilo, uno que lleva a mostrar la verdadera naturaleza de las mercancías, como productos que adquieren su valor en el intercambio real de valores inventados, en el dinero y en la ideología del esfuerzo y del trabajismo (¡cuánta imprecación hacia el pueblo de Lota escuché por esos días! Concluí: un pueblo explotado por generaciones y que de un día para descubre las comodidades de la asistencia estatal y la economía de subsistencia no se interesa nunca más por la esclavitud asalariada), pero que no mantiene su estatus desde el momento en que las personas rompen con la imposición sagrada de su presencia y la toman sin permiso porque ha sido fruto del trabajo del proletariado en bloque. El proletariado la crea y la niega. Hasta los billetes se queman.
- Ironías del terremoto social: hace un rato han venido al sitio donde se ubica la casa de los padres de mí pareja, T., una tanqueta de militares en ronda. Los han invitado a una taza de café. Un soldado me ha visto cara de fumador y me ha invitado afuera con él. Ahí me ha contado con entusiasmo sobre sus aventuras represivas y de orden. Incluso me ha dejado una cajetilla con cuatro cigarros y me ha ofrecido un segundo cigarrillo… ¡para que me duren más los otros! Mientras me contaba sus violentas actuaciones los días anteriores contra vándalos y otros sinverguezas no podía dejar de viajar hasta el pasado e imaginar por analogía el trato a los otrora upelientos.
Pasado varios días del terremoto, en la radio se suceden los llamados a trabajar por parte de empleadores y del “retorno a la normalidad” por parte de la prensa. No puedo sacar de mi mente el afiche francés de mayo del 68 que dice “Retorno a la normalidad” y aparecen varias ovejas en fila rumbo al… ¡trabajo!
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Extraña Muerte de un Civil en manos de Soldados en Tiempos de Paz.

Sobre los viudos de Bachelet y otros tantos hipócritas.
Por
Michelle Bachelet Jeria, la “hija del general”, educada en la principal institución formadora de torturadores de los EEUU, experta en el abuso de la emocionalidad fácil, la manipulación de los macabeos y los mamones, ha dejado por fin el palacio de la Moneda asumido después un golpe blanco, marquetero y escuestológico.
Del mismo modo que llegó a la vida pública se va: mediante la falsificación de la opinión pública y custodiada por milicos, de esos que en Haiti usan casco blanco y aquí disparan a matar.
El día en que el ejercicio de la hipocresía sea considerado un deporte olímpico muy pocos podrán disputarnos nuestro preeminente lugar en el podio: Aquellos que hablan de libertad económica consolidan con todas sus fuerzas los monopolios; los que parlotean sobre los DDHH siempre encuentran a un “otro” a quién culpar cuando aprietan el gatillo, empezando por los dioses y sus caprichos.
David Riquelme es el último ciudadano chileno asesinado por Michelle Bachelet. Y lea bien, no digo asesinado por personas a su cargo, ocupo la misma tesis que los abogados de DDHH alegaron hasta el hartazgo, aquella usada para juzgar a Alfonse Capone (Al Capone), la autoría mediata.
Pinochet no mató a nadie con sus propias manos -aunque dicen que ganas no le faltaron con su Lucía- sin embargo fue capturado en la London Clinic por asesinato ¿Cual es la razón de ello? Lo que he señalado, para matar no es preciso jalar gatillos, dar órdenes in situ, pagar sicarios, o dar uno de los golpes cuando se actúa en grupo o pandilla. En los casos en que se es el jefe de una institución jerarquizada y disciplinada, y se ordena cumplir fines con independencia de la licitud de los medios, se asesina como un jefe de la mafia, como un Pinochet o una Bachelet.
Cuando nuestra ex presidenta envió a los asesinos del GOPE, policía militarizada instruida de acuerdo la doctrina de la seguridad nacional vía escuela de salvación de las américas, a “custodiar” predios privados evitando así que los mapuche se manifestaran, no podía menos que saber que iban dispuestos a matar. Y así lo hicieron con Matias Catrileo y Jaime Mendoza Collio. Si a alguien le arrojo un león el que lo mate no es sólo una eventualidad, es prácticamente una certeza. En igual proceder incurrió su ex excelencia cuando arrojó a los milicos pintados para la guerra a corretear con balas a los que piden agua.
La última vez que reparé en esta situación desapareció mi cuenta en facebook y fue vandalizado mi blog, teléfono y correo electrónico; sé que quienes están detrás de esos ataques se dicen de “izquierda”, y profundamente comprometidos con los DDHH. Me caben dudas si comprenden los alcances de defender a todos los hombres y mujeres, sin distinciones, de los abusos del poder, o si simplemente usan este discurso como patente de corso para justificar sus tropelías. Quizá es a tal punto patológica su hipocresía, la que linda en la esquizofrenia, para afirmar aquí y negar allá el mismo argumento.
El punto es que la señora Bachelet ha asesinado a compatriotas, menos que Pinochet pero eso no la hace menos asesina, en cuestiones morales los criterios cuantitativos no valen.
Y tales homicidios quedarán en la impunidad, entre otras cosas, por los diez mil millones de pesos que costó el museo de la memoria lo que dejó con pega a unos cuantos adalides del lloriqueo institucionalizado.
Del mismo modo son responsables, al igual que Capone, los que construyeron edificios habitacionales con diseños o materiales insuficientes. Que quede claro, no digo que deben responder por cuasidelito de homicidio, digo que son asesinos pues en nuestro país un terremoto es un hecho futuro de fecha incierta es decir, lo contrario a una eventualidad o un caso fortuito. En igual crimen incurrieron las autoridades que posibilitaron dichas construcciones.
En el país más sísmico del mundo, y costero, un tsunami no es una eventualidad, un caso fortuito, no es Godzilla que emerge de las profundidades del océano y destruye todo a su paso, es una catástrofe aplazada, en suspensión. Aquellos que no avisaron, que se negaron a señalizar, que no reaccionaron a tiempo son ASESINOS, no son solamente buenos ciudadanos negligentes que puedan disculparse alegando “se me chispoteó”.
Todos estos crímenes quedarán en la impunidad, Bachelet pasará colada, hasta la repostularán para el 2014.
Porque en este país hoy materialmente derrumbado, nunca ha dejado de ser hegemónica la omertá del crimen, la indecencia que mientras más abusiva es más celebrada y hasta venerada.
“Por eso Bachelet no quería sacar a los milicos”, se apuran en decir los fariseos sacando el poto de la jeringa. El punto acá no es si enviaba o no a los militares, los que en caso de catástrofe están obligados por ley a trabajar por única vez en sus tranquilas vidas, lo que está aquí en entredicho son las instrucciones con las cuales actuaron y las que su ex excelencia no puede desconocer.
Los milicos debían viajar con camiones aljibes, caravanas con víveres, cascos blancos y ayuda material. Sin embargo Bachelet los instruyó a limpiar las calles, a actuar enérgica y “ejemplificadoramente”. Nuestra ex presidenta, un dechado de virtudes para tantos adormilados compatriotas, ¡les ordenó enfrentarse a nuestros propios hermanos con la bala pasada, como si ingresaran a una ciudad ocupada por el enemigo!
Bachelet es una asesina y debe responder. Pasará el tiempo, estos días se olvidarán y se recordarán con nostalgia, pero yo no olvidaré lo que he visto, he leído y he escuchado. Les pido por favor que no me hablen más de derechos humanos aquellos que creen que haber pasado por Villa Grimaldi inhabilita a alguien cometer crímenes de lesa humanidad.
Insisto, no me muestren sus cicatrices, sus certificados de dolor y de tormento, ya bastante he llorado por los muertos de ayer.
¿Qué parte del “nunca más” no han entendido?
Los terremotos en el Paraíso Neoliberal, altertaperu
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Ceremonia Tsunami.

Lo urgente y lo importante.
Por
Sebastián Piñera asume la primera magistratura del país y la ceremonia es ambientada con cuatro sismos consecutivos que calificarían en cualquier lugar como terremoto. Dos de ellos fueron superiores en magnitud a los devastadores movimientos telúricos de Turquía y Taiwan; mientras que uno empató con el de Haiti.
Qué duda cabe que nuestro país es el más sísmico del mundo. Infinidad de testimonios y anécdotas de extranjeros se refieren a ello. El más conocido es el relato de Darwin que en Concepción sufrió un sismo y posterior tsunami de la misma intensidad que el del 27 de febrero; o el de la selección de tenis de copa Davis de Suecia, encabezada por Stefan Edberg, en 1985. En esta última ocasión los tenistas escaparon del país importandoles un bledo si su huída los descalificaba.
Hace unos pocos minutos en el congreso pleno de la ciudad de Valparaíso, atiborrado de autoridades nacionales, dignatarios extranjeros y periodistas, se celebraba el cambio de mando de Bachelet a Piñera, cuatro terremotos en media hora casi frustran el rito.
El primer temblor, el mayor de todos, llevó a las autoridades competentes (SHOA) a decretar una alarma de tsunami desde la V a la X región, Valparaíso incluido. Es decir, el congreso nacional debería haber sido evacuado y los dignatarios conducidos a un lugar alto (el congreso nacional se encuentra a pocas cuadras de la ribera y a muy pocos metros sobre el nivel del mar).
Hace algún tiempo una solicitud para instalar letreros en el borde costero que indicaran la dirección de evacuación y las zonas seguras e inseguras en caso de tsunami, fue rechazada porque podía afectar el turismo. En nuestro país siempre existe una buena excusa para mentir o para mentirnos; mientras el congreso nacional se zamarreaba todas las autoridades, literalmente todas, miraron para el costado, como si la estructura debiera necesariamente protegerlos o la naturaleza limitarse por deferencia a ellos.
¿Igualdad ante la ley?
Se supone que todos, tanto gobernantes como gobernados, estamos obligados por las leyes. La ley se presume conocida por todos, nadie puede alegar su ignorancia como motivo para su incumplimiento.
Frases repujadas en bronce, sin embargo, son sólo mitos del derecho que nos hace olvidar su contingencia, su vinculación con el poder, su determinación por los hechos. En Chile, desde luego, esa característica mitológica es aún más ostensible, por ejemplo, la alerta de tsunami regía para todos los habitantes del país MENOS PARA LAS AUTORIDADES. Y peor, ellas, consientes de su impunidad ante la ley requerían de información adicional para actuar o del consejo de sus asesores. Nuevamente el colapso de las lineas telefónicas los dejó al margen de la legalidad.
Y si de mitos legales se trata el de la presunción de conocimiento de la ley es el más burdo de todos. En primer lugar, dado nuestro mediocre sistema educativo en todos sus niveles, son muy pocos los abogados que conocen las leyes que nos rigen por ende, casi no hay ciudadanos que sean gobernados por normas que conozcan.
Nuestras autoridades han desempolvado una ley dictada en los sesenta durante un estado excepcional, la de terremotos *.
Es preciso recordar que gran parte de las leyes que nos rigen, con la notable excepción de las creadas en los últimos veinte años, se han promulgado durante estados constituciones extraordinarios, momentos en que los congresistas delegaban su representatividad en el presidente. Leyes extrañas, en mayor medida desconocidas, y redactadas en la oscuridad, entre gallos y medianoche.
La ley de terremotos castiga el aumento de precios desmedidos a los productos básicos. Lo extraño comienza cuando pensamos que en los tiempos en que se dictó la norma no regía la libertad de precios a rajatabla que prescribe la constitución de Lagos-Pinochet. De hecho existía una repartición pública, la DIRINCO, encargada de supervisar el respeto a los precios máximos. Burocráticamente el SERNAC es el sucesor de la DIRINCO pero no le fueron legadas ninguna de sus atribuciones. Quién vende un huevo a mil pesos comete una acción deleznable pero si el gobierno quiere castigarlo me parece que está forzando las cosas.
En primer lugar, esta ley de terremotos es un conejo que acaban de sacar del sombrero. Quizá sólo uno de los burócratas del palacio de gobierno se acordaba que existía. En segundo lugar, la desigualdad ante la ley entre gobernantes y gobernados, es decir, el principio fundacional de la tiranía, se refuerza cada vez que las autoridades no se dan aludidas por los mandatos generales o cuando ellas hacen de sus caprichos o urgencias del momento, magicamente, normas que les permiten hacer lo que quieran cuando quieran.
La reacción en contra de los saqueadores es desmedida y al mismo tiempo coherente con el abuso generalizado que pongo de manifiesto. Me pregunto si secarlos en la cárcel evitará que en cincuenta años, para en el próximo mega terremoto seguido de tsunami, todos se abstengan de conductas antisociales. En un país en que la norma es vivir ajenos a los hechos y en plena ignorancia del pasado no veo qué función pueda cumplir la mano dura salvo satisfacer la sed de venganza sádica de nuestras autoridades.
Lo urgente y lo importante.
George Orwell, el gran escritor anarquista británico, puso su pluma y todo su talento al servicio del imperio que siempre combatió, durante la segunda guerra mundial. Lo urgente desplazaba lo importante. Era preciso derrotar a Alemania, luego vendría lo demás.
No se lo puede criticar por ello en lo más mínimo, en España dio casi hasta su último aliento defendiendo la revolución en el bando del POUM.
Chile posee muchos y muy buenos escritores, es el momento en que apliquen el criterio de Orwell: Estamos en una situación crítica, el terremoto y el tsunami han desnudado un país africano que moraba invisibilizado en una careta modernizada, y ha creado otro, que no existía, apenas unos cuántos kilómetros al sur de la capital.
Un país sin agua, luz, ni techo. Autoridades sobrepasadas preocupadas de llegar al final del día y nada más.
Me pesa la indolencia de nuestras elites que ven en esto una oportunidad para sus negocios; pero me violenta aún más la actitud de tantos izquierdistas que corrieron a ver si sus heredades estaban indemnes y luego se han dedicado a sus importantes asuntos sin que nada los perturbe. Mientras ellos dirimen si Trotsky o Lenin tenían la razón, yo seguiré poniendo mi luciferina lucidez al servicio de comprender lo que está sucediendo.
* Ley 16.282.
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